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Hipótesis oficial vs. Hipótesis encubierta

Los malos de este terrible episodio de la historia de España, a los que se acusa de la tragedia del síndrome tóxico español, son 13 de los 38 empresarios procesados en el juicio, que tradicionalmente se dedicaban a la producción, venta o distribución de aceite.

Concretamente, se condena a cada uno de ellos como autores de delito contra la salud pública, delito de estafa, delito de imprudencia temeraria profesional o cooperación necesaria de un delito de estafa.

Pese a que la sentencia reconoce ignorar el agente tóxico concreto presente en el aceite, se refiere en numerosas ocasiones y gracias al testimonio de Sir Richard Doll[1] a la toxicidad de las anilinas y anilidas. Pero estudios y especialistas afirman que la dosis letal (DL50[2]) de las anilinas se sitúa en 250 mg/kg y la de las anilidas en 1959 mg/kg.[3]. Tradicionalmente, en la toxicología se ha venido aceptando que una sustancia es relativamente inocua -no tóxica- cuando su DL50 se sitúa en más de 2500 mg/Kg.[4].  Aún así, la presencia encontrada en los aceites supuestamente culpables tanto de anilinas como de anilidas no supera nunca las concentraciones a partir de las cuales se consideran dosis letales. Por este motivo, toxicólogos franceses, americanos y alemanes -de Lyón, Atlanta y Berlín- opinan que los aceites no pueden ser los causantes de la intoxicación.

De hecho, las anilinas y anilidas del aceite de colza al cual se ha culpado de la intoxicación desde 1981, en realidad tienen una toxicidad menor que la nicotina (DL50: 50 mg/Kg.), la cafeína (DL50: 192 mg/Kg.) o la aspirina (DL50: 200 mg/Kg.)[5].

Pero antes de acusar a las anilinas y anilidas, ¿qué son realmente estas sustancias?

En primer lugar, su efecto en la salud y el estudio de su toxicidad no eran especialmente conocidos en la España de 1981. De hecho, como se lee en la carta que escribe el doctor Tabuenca al Secretario de Estado para la Sanidad, Luís Sánchez-Harguindey: “Me acaban de comunicar del laboratorio que encuentran en todas las muestras del aceite, acetil anilida, substancia cuya toxicidad y mecanismos tengo que estudiar y comprobar”. Pero tampoco a nivel mundial eran muy conocidas las anilinas (y mucho menos las anilidas) en el ámbito científico, pues se trata básicamente de una sustancia empleada como tinte en juguetes, envases, mobiliario, tabaco, ropa y productos de todo tipo, que raramente causa intoxicaciones.

Según el mismo CDC (Center for Desease Control) de Atlanta (EE.UU) las exposiciones agudas de anilidas tan sólo ocurren si se trabaja con la anilida:

Anilina
Ilustración 10: Información de la reseña toxicológica de la ANILINA de la Agencia para Substancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR por sus siglas en inglés) del Centro para el Control de Enfermedades (CDC), en Atlanta .

Además, la hoja informativa del CDC también responde a la pregunta: ¿Cómo podría estar expuesto a la anilina? Primeramente, afirma la ATSDR, “la población general puede exponerse  a la anilina al comer alimentos o tomar agua que contienen anilina, aunque estas cantidades generalmente son muy pequeñas[7]”. La reseña sigue informando: “si usted trabaja en un lugar que fabrica productos como pinturas, barnices, herbicidas y explosivos, puede estar expuesto a la anilina. También se ha detectado anilina en el tabaco, de manera que la gente que fuma o que inhala humo pasivamente también puede estar expuesta a la anilina. La gente que vive cerca de un sitio de desechos peligrosos no controlado puede estar expuesta a niveles de anilina más altos de lo normal”.

Los estudios epidemiológicos existentes demostraban que el aceite tóxico había sido desnaturalizado con anilina. Pero la explicación es muy simple. En la España de 1981 -de dieta esencialmente mediterránea- y según el Ministerio de Agricultura de la época, se consumían unas 800.000 toneladas de aceite de oliva. Sin embargo, la producción española de este aceite se situaba en las 450.000 toneladas, de las que 100.000 toneladas eran destinadas a la exportación. Por otra parte, se producían 270.000 toneladas de aceite a partir de otros vegetales[8].

Así pues, existía claramente una mayor demanda respecto a la oferta de aceite de oliva en España. Por lo que, algunos empresarios vendían aceite importado con la finalidad de lucrarse cubriendo una indispensable necesidad de la población española. Sin embargo, España todavía no formaba parte ni de la la Unión Europea ni de la OTAN y seguían vigentes los aranceles destinados a proteger la producción interna del país. Por este motivo y debido a la diferencia de precio entre el aceite de colza español y el importado, éste último era permitido bajo una licencia que obligaba a desnaturalizar los aceites y destinarlos exclusivamente a usos industriales (ver Ilustración 11).

ABC
Ilustración 11: Breve de ABC, edición del 16 de julio de 1981.

Asimismo, la misma sentencia 48/1989 recogía: “En 1980 y desde hacía varios años, las autoridades administrativas españolas venían autorizando importaciones de aceite de colza, pero para proteger la producción nacional de aceites y grasas comestibles, se exigía que el de colza importado no fuera destinado a la alimentación humana, sino a otras actividades industriales, que resultaban ser, casi exclusivamente las siderúrgicas. Con el fin de garantizar el no desvío al destino humano se ordenó administrativamente que la mercancía, cuando ingresara en territorio español, tuviera desnaturalizados sus caracteres organolépticos, para lo que fueron autorizados, en 1970, el aceite de ricino, y en 1974 el aceite náftico, el Azul de Ceres y la anilina, ésta al 2 por ciento”[9].

La Dirección General de Aduanas era el organismo responsable del control de las importaciones de los aceites. A este respecto, uno de los empresarios acusados en el proceso judicial declaró: “hacer contrabando no exige grandes misterios, ni sobornar a ningún funcionario de Aduanas. Es mucho más fácil. El funcionario de Aduanas tiene que tomar unas muestras para comprobar si corresponden con lo que se supone que importas. Basta con que se las des tú. La propia Administración ha fomentado ese relajamiento. Es la Administración quien ha propiciado la política de grasas que obliga al contrabando. Sin ese contrabando no era posible hacer una política de grasas que permitiera vender barato el aceite de oliva. (…) El negocio estaba en coger aceite de oliva y mezclarlo con otro aceite, español o importado, cuanto más barato, mejor, siempre y cuando fuese aceite comestible. A nadie se le había ocurrido aquí mezclar, como los marroquíes, un aceite de motor o cualquier otra barbaridad de ese tipo. Lo que se hacía era mezclar aceite de oliva con orujo, que era el siguiente en precio; pero el margen era poco rentable. Así es que se terminó por mezclar otros más baratos: de soja, de pepita de uva, de algodón, etcétera”[10].

Lo cierto es que la mezcla de aceite de oliva con otros productos sigue llevándose a cabo en la actualidad. Según un reciente reportaje de investigación, siete de cada diez aceites de oliva embotellados, contienen trazas de otros productos.[11]

Pues bien, desde las altas esferas se decidió que el cabeza de turco fuera el aceite de colza importado desde Francia y desnaturalizado con un 2% de anilina (tinte), que posteriormente re-naturalizaron (quitar la anilina para adaptarlo al consumo humano) los empresarios españoles sobre quienes cayó la sentencia. Durante más de 10 años, este proceso se había repetido una y otra vez sin causar envenenamiento alguno, vendiendo el aceite (en garrafas de cinco litros) a la población de clase media y baja.

Además de la escasez de la producción española de aceite de oliva, hay que tener en cuenta que el aceite de marca ofertado en la época era escandalosamente caro (por el más barato se pagaban 120 pesetas el litro, equivalentes a 0,72 € el litro[12]) en una sociedad en la que, uno de cada tres españoles, no llegaba a fin de mes.

Pese a este dato, aunque la mayoría de afectados tenían un nivel adquisitivo bajo, no todos compraban este tipo de aceite (que mayoritariamente era distribuido por vendedores ambulantes en mercadillos). Muchos afectados manifestaron no haber consumido jamás este tipo de aceite sino el de marcas reconocidas y etiquetadas[13], mientras que muchos otros afirman haberlo consumido en litros, pese a no presentar ningún síntoma de la rara enfermedad.

También es extraño el hecho de que tan sólo uno o dos miembros de cada unidad familiar resultaran afectados, pues el aceite es un ingrediente que no falta en ninguno de los platos de las familias españolas. Aún así, la media de afectados por familia era de 1,98 en diciembre de 1981.

Cabe tener muy presente igualmente el “Estudio sobre el síndrome tóxico publicado el 15 de enero de 1982 por el Centro Municipal de Salud del Ayuntamiento de Getafe. Puesto que en él se destaca que quince afectados del síndrome tóxico en aquel municipio mantienen e insisten en que no tomaron aceite tóxico, ni de marca ni de granel.”[14]

Tampoco coinciden los síntomas, como veremos en el apartado siguiente, pues el principal síntoma de intoxicación por anilinas, es la metahemoglobina[15], reacción ausente entre la larguísima lista de síntomas de los afectados.

Pese a las numerosas evidencias y documentos que demuestran lo contrario, los organismos que gestionan la sanidad mundial, el gobierno español y la opinión pública siguen apostillando que en la intoxicación de 1981, el culpable fue el aceite de colza desnaturalizado con anilinas. De hecho, desde entonces, no han cesado los estudios y nuevas investigaciones orientadas a encontrar el tóxico concreto que causó la enfermedad. Las últimas aproximaciones sobre el tipo de compuestos relacionados con la enfermedad revelan, en función de nuevos métodos de química analítica, la implicación de una familia de compuestos, los ácidos grasos diéster de fenilaminopropanodiol, y, uno de estos compuestos particularmente, el 1,2-di-oleil ester de 3-(N-fenilamino)-1,2 propanediol (DPAP). Parece ser que están más fuertemente asociados con la enfermedad que las anilidas de los ácidos grasos[16]. Pero tampoco pueden explicar la larga lista de síntomas de la enfermedad.

Por otro lado, una vez descartada la hipótesis del aceite por el doctor Muro el 20 de junio de 1981, al recibir los análisis del experimento animal con los aceites del Centro Nacional de Alimentación y Nutrición de Majadahonda[17], sigue investigando la causa del envenenamiento en los mercadillos ambulantes que muchos de sus pacientes visitan a menudo. Un elemento común que tienen la gran mayoría de los afectados es el consumo frecuente de ensaladas. Pero Muro descarta científicamente la lechuga, la cebolla, el aceite, la sal y el vinagre.

“Solamente quedaba el tomate, pero como el tomate tiene una piel cérea, está buen protegido y, por tanto, habría que descartarlo. Pero si el tóxico está en el tomate, tiene que ser una substancia química, un veneno que actúa sistemáticamente, es decir que se extiende en el sistema total de la planta. También la enfermedad tiene que ser sistémica, dado que afecta al organismo entero, casi no existe un órgano del cuerpo que no esté afectado”[18].

Por los síntomas, el doctor Muro está prácticamente convencido de que el veneno que buscan tiene que ser un pesticida. Por este motivo, visita algunos campos y zonas agrícolas en busca de productos insecticidas y plaguicidas. Confecciona un listado con 3.000 productos para la protección de las plantas y estudia sus efectos en animales.

El 11 de julio de 1981, encuentra un saco de Nemacur (pesticida creado y fabricado por la multinacional Bayer) en la cabaña de un agricultor de Almería, que le explica que ese es el primer año que lo utiliza. El incansable doctor Muro compra el mismo producto y se lo lleva para analizar junto a seis tóxicos más. El análisis toxicológico es llevado a cabo por nada más y nada menos que el ya mencionado doctor Guillermo Tena, director del Instituto Nacional de Toxicología, aunque Muro no le menciona lo que está buscando y las muestras están etiquetadas con simples letras.

Los resultados muestran que los animales que ingieren pimientos tratados con el Nemacur mueren al cabo de dos días, mientras que los que toman el producto en estado puro mueren a los seis días. Además, los órganos de los animales muertos presentan características muy similares a los de personas fallecidas por el síndrome tóxico[19].

Según la literatura científica, las sustancias que se forman en la planta a partir de pesticidas organofosforados como el Nemacur, los metabolitos, son varias veces más tóxicos que el producto original.

El pesticida Nemacur se convierte dentro del fruto en un Fito-metabolito (es un derivado metabólico, producto de la interacción del pesticida con el genoma del tomate) y es extraordinariamente agresivo, pues su toxicidad se potencia unas 700 veces respecto al  nematicida (pesticida contra nematodos o gusanos de suelo) inicial, y cuya composición exacta parece ser alto “secreto militar”. Al ingresar al cuerpo este fitometabolito actúa como un inhibidor enzimático irreversible de la acetilcolinesterasa (enzima básica para el buen funcionamiento del sistema nervioso).

Por este motivo, este tipo de pesticidas (los organofosforados) tienen unos largos plazos de seguridad que deben garantizar la degradación biológica total de las substancias altamente tóxicas que se forman en la planta. Durante las investigaciones del doctor Muro, había hecho unas 5.000 encuestas en las que descubrió que todos sus pacientes habían comido tomates comprados en mercadillos o venta ambulante. El doctor y el equipo que lo rodea se convencen entonces de que algún agricultor ha utilizado el Nemacur sin tener en cuenta los plazos de seguridad[20].

Pero, ¿qué son los llamados plaguicidas organofosforados?

La verdad es que constituyen un grupo muy amplio de compuestos altamente tóxicos, que tienen su precedente en los gases de guerra “a menudo conocidos bajo el apelativo de ‘gases nerviosos’, entre los que se encuentran el sarín, el tabún o el somán, y que se desarrollaron de manera especial a partir de la Segunda Guerra Mundial”[21]. El Nemacur se encuadra dentro de este tipo de pesticidas y su ingrediente activo, el fenamiphos, está considerado como de alta toxicidad[22], así como el Oftanol, otro producto pesticida relacionado con la epidemia.

Está documentada la implicación de Bayer en las primeras producciones de organofosforados y especialmente en la creación del Nemacur, hecho del que se hablará ampliamente en el apartado “La implicación de Bayer y el gobierno de EE.UU”.

Antonio Muro informa de todo lo que va descubriendo a los distintos responsables del gobierno español. El 24 de noviembre de 1981 el doctor Muro explica el resultado de sus largas investigaciones en una reunión secreta en el Ministerio de Sanidad, pero es desoído y las autoridades no cambian el rumbo de sus actuaciones.

El doctor Muro –que recordemos, fue número uno de su promoción y director del Hospital Rey de Madrid– fue descalificado en los medios, despedido de la Administración y vapuleado todavía hoy por algunos de sus colegas de otros hospitales. Al preguntar por ello al toxicólogo Raimon Guitart, contesta: “el problema es que Muro salió en los periódicos cada semana acusando una cosa o la otra y eso alarmó a la población. Además, no está reconocido porque ninguno de sus estudios ha sido publicado en una revista científica“[23].

Busquemos entonces a un personaje con buena reputación. Uno de los médicos más prestigiosos del país, Luís Frontela[24], ha estado trabajando en infinidad de casos, entre ellos, el que aborda este trabajo.

José Merino es abogado y viudo de María Concepción Navarro, enferma desde 1980 del síndrome tóxico. Esta mujer, también abogada, negó haber consumido otro aceite además del de las mejores marcas de aceite de oliva español hasta el día de su muerte, el 24 de agosto de 1982. Por este motivo, el Estado le denegó una indemnización por su muerte a su marido, a raíz del informe de la autopsia, que afirmaba que la señora Navarro falleció de muerte natural. Aún así, la afectada bien había sido incluida en el censo de afectados con el número 28/81.473. 8.[25]

En este momento es cuando su marido, el señor Merino, se pone en contacto con el doctor Frontela, que compara el informe de la autopsia con el de otros fallecidos y comprueba que la señora Navarro ha muerto debido al síndrome tóxico[26].

Cambio16
Ilustración 12: Portada de CAMBIO 16, edición del 17-24 de diciembre de 1984, nº 681.

El interés que suscita en el doctor Frontela este acontecimiento que el Estado parece estar manipulando, le lleva a investigarlo con todo su equipo de científicos interdisciplinarios (un total de quince) de la Universidad de Sevilla, durante los dos años siguientes. Como resultado, en 1984 presenta un informe en el que ratifica las investigaciones del doctor Muro[27].

El número de diciembre de la revista Cambio 16 recoge este informe y sale con una portada que escandaliza por su titular: “Escándalo Colza: Según nuevas investigaciones, un producto Bayer envenenó a España”. En un reportaje de ocho páginas, Cambio 16 repasa todo el informe del doctor Frontela y el del doctor Muro, y habla de la opinión de Carmen Salanueva[28] (coordinadora del Plan Nacional para el Síndrome Tóxico), Maria Jesús Clavera, Francisco J. Martínez y J. Costa (jefe de la división fitosanitaria de Bayer en España).

Sin embargo, dos meses más tarde, el director de Cambio 16, José Oneto, es cesado sin motivo “aparente” y en abril la multinacional Bayer demanda a la revista[29].

En el reportaje de Cambio 16 se puede leer: “’Las series de ratas intoxicadas directamente con Nemacur y con pimientos tratados con Nemacur dos semanas antes de la recolección -afirma concluyentemente el forense sevillano (Luís Frontela) en su informe- presentan similares lesiones microscópicas que las que se observan en los fallecidos por el síndrome o neumonía tóxica’ (…) ‘Tras muchos meses de trabajo en el Plan Nacional del Síndrome Tóxico ―dice Francisco Javier Martínez a CAMBIO16― hemos podido comprobar que el tóxico no fue el aceite, ya que sólo tres de cada mil personas que consumieron la colza supuestamente envenenada han resultado afectados.’ (…) ‘Después de haber estudiado detenidamente la sintomatología de los enfermos ―señaló un alto cargo del organismo a CAMBIO16―, estamos convencidos de que entre las sustancias que provocaron las “neumonías atípicas” tenía que haber obligatoriamente compuestos fosforados’”.

En la España de 1981 y en la de 33 años después, tanto autoridades como medios de comunicación y médicos siguen postulando por la hipótesis de que el aceite de colza fue el causante de la intoxicación[30]. ¿Cómo van a dudar de la opinión de científicos respaldados por la Organización Mundial de la Salud?

Sin embargo, paralelamente también hay un gran número de médicos, periodistas e investigadores que postulan que un pesticida organofosforado o un combinado de ellos es la causa más probable del síndrome tóxico. De hecho, estas opiniones se han hecho más numerosas con el paso de los años y los diferentes estudios que las han respaldado.

Además de los informes ya mencionados de los doctores Muro, Clavera y Martínez, y Frontela, el prestigioso toxicólogo alemán, Claus Köppel[31], publicó un artículo sobre el síndrome tóxico en el que se hablaba de una partida de tomates tratados con un pesticida organofosforado altamente tóxico[32].

El doctor Ángel Peralta, que fue el primero en apuntar que la enfermedad podía deberse a una intoxicación por organofosforados, declaró en el juicio de la colza como perito y aseguró que esta hipótesis era la única verosímil[33]. Asimismo, el doctor Peralta fue designado perito judicial (así como los doctores Clavera y Martínez) y entregó un estudio en el que en las conclusiones afirmaba “en plena era espacial el hombre explora el universo, sin embargo, un cuadro clínico recortadísimo patognomónico de intoxicación por organofosforados, no se identifica. (…) El hecho de haber transcurrido el periodo inicial bajo la etiqueta de neumonía atípica, fue una pérdida de tiempo irreparable, era la época clave para evitar muertes y complicaciones”[34].

Durante las declaraciones en el juicio, el doctor Peralta contestó afirmativamente a la pregunta de la defensa “¿ha tenido usted alguna reunión privada (…) en la que coincidió con los ministros Sancho Rof y Núñez? ¿No es cierto que le dijeron: ‘es cierto, tenias tu razón, era un organofosforado, pero no lo podíamos reconocer’?[35].

El doctor Fernando Montoro Jiménez, fue Subdirector General de Establecimientos y Asistencia Farmacéutica cuando el PSOE entró a gobernar en 1982. El doctor Montoro afirmó que tanto si se trataba de una intoxicación por anilinas (ésta explicación le parecía impresentable) como por organofosforados, el tratamiento a seguir estaba muy claro[36]. En junio de 1982, en una carta a Ciriaco de Vicente (miembro del PSOE, fue vicepresidente segundo de la Comisión de Investigación Conjunta del Congreso y el Senado sobre el síndrome tóxico) el doctor Montoro declaraba que “puede afirmarse que, a nivel científico, hoy se duda de que el aceite sea la causa del síndrome. Los estudios epidemiológicos han sido un desastre. (…) Lo que sí hay claro es que ha sido una intoxicación alimentaria. Y, yo me pregunto, cuando hubo intoxicación en niños de pecho, se analizó la leche materna (la madre se inventó que echaba aceite en la papilla para cobrar[37]) buscando oleanilidas y no se encontraron. Se encontraron residuos de insecticidas. Se descartó esta idea porque no se habían encontrado en el aceite. ¿Y si no fuera el aceite? ¿Y si fuera un nematicida que al añadirlo a los vegetales, los metaboliza produciendo otros compuestos más tóxicos que el propio insecticida y que son los que verdaderamente se ingieren? ¿Y si el nematicida fuera de una multinacional que se ha gastado miles de millones en retirarlo de los consumidores y comprarles las cosechas de tomates en pueblos de Toledo? (…) Muro falló en la manera de decir las cosas: cebollas, pepinos, pimientos, tomates, etc. Pero su estudio epidemiológico fue el mejor.”[38]

También el doctor Enrique De la Morena llegaba en sus investigaciones a las mismas conclusiones: “Cuál fue mi sorpresa cuando las ratas que yo alimentaba con ese aceite, que en unos casos les daba crudo, en otros frito, engordaron. Y lo que me temía es que tuviéramos una reunión los distintos investigadores que habíamos hecho esta experiencia y me encontrara yo con que mis ratas habían engordado y las ratas de los otros investigadores hubieran enfermado. Pues bien, la sorpresa fue que a todos, todos, les habían engordado las ratas con el aceite”. En enero de 1983, De la Morena solicitó ayuda financiera al Plan Nacional del Síndrome Tóxico, dirigido por Carmen Salanueva, para un proyecto de investigación en el que pretendía averiguar por qué tantos enfermos del síndrome tóxico contraen cáncer. No sólo se le deniega esa ayuda sino que le denuncian al Tribunal de Deontología del Colegio de Médicos que sin embargo no le retira la licencia para ejercer.

Coincidiendo con Muro y Frontela, el Dr. De la Morena declara: “Todos los resultados de nuestras investigaciones encajaban muy bien con una intoxicación por organofosforados[39].

En 1985, el máximo responsable de pesticidas de la OMS, Gastón Vettorazzi, declaró en la revista Cambio 16 que “la epidemia estuvo provocada por un agente neurotóxico” y que de ninguna manera las anilinas o las anilidas podrían causar una enfermedad como la del síndrome tóxico[40]. La entrevista fue grabada en cinta magnetofónica bajo previo aviso del periodista, que también informó de que ésta sería publicada. Aún así, en el próximo número Cambio 16 tuvo que incluir una nota enviada por el propio Vettorazzi, en el que se desdecía de todo lo dicho durante la entrevista.

Un año antes, los doctores Clavera y Martínez ya habían hablado con Vettorazzi. A este respecto, el doctor Martínez explica: “Cuando en 1984 y por iniciativa personal fuimos a Ginebra para hablar con Gastón Vettorazzi (máximo responsable del departamento de pesticidas de la OMS) nos dimos cuenta de que allí sabían que el Síndrome Tóxico español de 1981 no lo había vehiculado ningún tipo de aceite y de que probablemente era una intoxicación por algún organofosforado; pero la OMS depende de la financiación de los gobiernos de los diversos países integrantes y debe atenerse a sus ‘vetos’ políticos[41].

Más tarde, se han realizado numerosos estudios sobre los efectos de los insecticidas organofosforados, debido a las intoxicaciones sufridas por los agricultores y trabajadores del campo de todo el mundo. Según estos trabajos, “la importancia de los efectos causados por la intoxicación de insecticidas organofosforados y carbamatos puede ser comprendida cuando se estima que aproximadamente tres millones de personas se exponen anualmente a dichos agentes con una mortalidad aproximada de 300.000 personas, y provocan un número importante de discapacidades”[42].

En todos los estudios sobre intoxicaciones por organofosforados se describen los mismos síntomas que los provocados por el síndrome tóxico, aunque más leves. A decir verdad, en el caso del síndrome tóxico se daban una serie de factores difíciles de repetir. La mayoría de envenenamientos por insecticidas organofosforados se dan por absorción por vía cutánea, digestiva o respiratoria del pesticida en cuestión. Mientras que en caso del síndrome tóxico, se trata de un envenenamiento a partir de unos frutos que han metabolizado el organofosforado (especialmente potente), convirtiéndolo en un componente aún más letal.

En 1989, una enfermedad desconocida, la Eosinofilia-Mialgia, mató a más de 100 personas y dejó discapacitadas permanentemente a otras 1.500, en Nuevo México (EE.UU.). Miles de estudios han relacionado esta enfermedad, también nueva y desconocida hasta el momento, con el síndrome tóxico español, pues los síntomas sufridos por las víctimas coinciden sobremanera y el agente causante jamás ha sido identificado[43][44]. Como en el síndrome tóxico, se buscó el culpable en un producto concreto y se acuso al L-Triptófano, un suplemento nutritivo, pese a que como no se pudo encontrar el veneno concreto, al contrario que con el aceite de colza, el triptófano fue absuelto en el proceso judicial.

La verdad es que las intoxicaciones por pesticidas organofosforados son mucho más frecuentes de los que nos pensamos. Sin ir más lejos, muchos científicos tienen el convencimiento de que el llamado “mal de las vacas locas” también fue causado por pesticidas organofosforados y lo cierto es que sólo hay que ver los síntomas[45]. La periodista Gudrun Greunke también se muestra convencida de ello: “La verdad es que esa enfermedad, que mató cientos de miles de vacas y causó más de 200 víctimas humanas, fue causada también por un producto organofosforado”[46].

En la actualidad, son muy pocos los médicos que tienen conocimientos sobre cómo tratar una intoxicación por organofosforados. Aquellos que están más habituados a ver estos casos, suelen tratar a enfermos de fatiga crónica, fibromialgia, sensibilidad química múltiple (SQM) o hipersensibilidad electromagnética (EHS), todas ellas enfermedades que pueden estar causadas, entre otros, por pesticidas organofosforados absorbidos en grandes cantidades ―por accidente o de manera intencionada[47]― o en pequeñas cantidades por acumulación, durante varios años[48]. Con frecuencia, también son enfermedades en superposición y por este motivo, se sospecha que una persona puede estar afectada de SQM cuando le ha sido diagnosticada fibromialgia o fatiga crónica, por ejemplo.

A este respecto, el doctor Joaquim Fernández-Solà así como la Sociedad Española de Neurología afirman que aproximadamente el 3% de los españoles están afectados por fibromialgia, pero a las tres cuartas partes de los enfermos ni tan sólo se les ha diagnosticado.

Todavía hay mucho desconocimiento sobre la fibromialgia, la sensibilidad química múltiple o la hipersensibilidad electromagnética y de hecho, no se conocen sus patologías exactas[49]. Según el doctor José Rodríguez Moyano, “no hay interés en que se resuelva y muchos se lucran de este vacío”. Por otra parte, el doctor Fernández-Solà asegura que “es un tema políticamente incorrecto porque estamos hablando de factores esencialmente ambientales que dependen de poderes económicos muy importantes. Por ejemplo, cuanto a radiación electromagnética se refiere, sabemos perfectamente que estamos expuestos a niveles impresionantes en nuestro país, pero las antenas que la provocan pertenecen a las empresas de telefonía, que son las principales empresas del Ibex-35. Lo mismo ocurre con las multinacionales farmacéuticas y los pesticidas, así que ¿cómo se va a investigar si tan siquiera se habla de ello?”[50].

Respecto al síndrome tóxico, ambos doctores son de la opinión de que un pesticida organofosforado tuvo que ser el causante. De hecho, Rodríguez Moyano opina que “no interesaba decir la verdad sobre el síndrome tóxico y se apostó por culpar al aceite de colza” y a la pregunta de si podría calificarse el síndrome tóxico como una fibromialgia muy aguda declara: “totalmente”. En esta línea, el doctor Fernández-Solà asegura que en este tipo de enfermedades (fibromialgia, SQM y EHS) “los pesticidas organofosforados se llevan la palma” a la hora de provocarlas y evidentemente “además de otros factores (morbilidad diferencial, exposición a químicos ambientales, etc.) la exposición a un organofosforado fue posiblemente una causa en la epidemia de 1981, que no fue suficientemente investigada.

El ya mencionado Sir Richard Doll fue el testimonio en el que se sustenta la hipótesis oficial del síndrome del aceite tóxico. A este respecto, el doctor Martínez Ruiz afirma: “Richard Doll fue la única persona que, en la historia del Síndrome Tóxico, se atrevió a emitir un ‘pronunciamiento’ de causalidad involucrando los ‘aceites sospechosos’, afirmándolo contundentemente después ante tres jueces y ante los numerosos Mass-media que estaban presentes en la Vista Oral de la Casa de Campo”.

Richard Doll y Edwin M. Kilbourne son los dos únicos científicos en los que, según el doctor Martínez, “y en base a sus a-científicos ‘pronunciamientos’ se entronizó la ‘Hipótesis Oficial’, se atendieron erróneamente a los afectados, se encarcelaron (y arruinaron) a los Industriales aceiteros…Y se arruinó la salud informativa de la joven democracia española[51].

En 2001, el periodista de investigación, Bob Woffinden, publicó un artículo titulado “Cover-up”, que puede traducirse al castellano como “Encubrimiento”, en el que explicaba que el síndrome tóxico tiene importancia histórica no sólo por su escala y el número de víctimas, sino también porque “fue el fraude científico contemporáneo prototipo”. Woffinden también afirmaba que, en el caso del síndrome tóxico, fue “la primera vez que los intereses multinacionales ingeniaron con éxito un gran encubrimiento en la ciencia internacional[52].

Ya en el prólogo de El Montaje del Síndrome Tóxico[53], el periodista Rafael Cid explicaba que el general Andrés Casinello (máximo responsable de los servicios de información de la Guardia Civil) prohibió expresamente realizar pesquisas sobre el síndrome tóxico. Cid afirmaba también que funcionarios del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) habían pedido su colaboración para elaborar un informe de siete páginas que finalmente fue elevado al máximo responsable del organismo, el general Emilio Alonso Manglano, en el que se declaraba que el aceite de colza no tenía nada que ver con el síndrome tóxico y que existían datos que apuntaban a un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia. Dicho informe no se hizo público jamás, ni siquiera en el juicio.

La agencia de prensa Novosti relata más casos de la enfermedad sufrida en una base militar española con unos detalles extraordinarios: “’En el verano de 1983 comenzó una epidemia de neumonía atípica durante las maniobras militares en la base de San Gregorio cerca de Zaragoza. De esta enfermedad murieron el General José Cruz Requejo y el coronel Ramón Rodríguez, además de varios oficiales más cuyos nombres no se difundieron. Numerosos militares tuvieron que ser hospitalizados. La epidemia se extendió a la población civil. Por parte oficial se comunicó que en todos los casos se trataba de la enfermedad de la legionela. Como se sabe, en la región de San Gregorio, cerca de Zaragoza, se encuentra otra base de la Fuérza Aérea de los EEUU. Los síntomas de la enfermedad que empezó en mayo de 1981 en una ciudad cercana a Madrid y los síntomas de los militares españoles en la región de Zaragoza y que más tarde se extendió a la población civil eran muy similares’”[54].

En el 2006, el periodista Alfredo Grimaldos afirmaba: “Todo indica que no se desconoce el origen de la enfermedad, sino que se trata de ocultar por todos los medios. (…) La versión oficial no tiene ningún sentido. (…) Todo parece indicar que el síndrome tóxico se desarrolla en dos ondas epidémicas diferenciadas. La primera de ellas se produce a principios o mediados de enero de 1981. Coincide con una enfermedad no determinada que se desarrolla en pleno invierno en la zona norteamericana de la base de Torrejón y que afecta también a algunos militares españoles. Es probable que esta primera onda epidémica sea consecuencia de algún escape provocado accidentalmente con armamento bacteriológico, cuya presencia en la base es contraria a la legalidad internacional y contraviene el tratado bilateral que permitió su creación. Un serio inconveniente en tiempos del ‘OTAN, de entrada, no’”[55].

Los doctores Clavera y Martínez, integrantes del PNST y designados peritos del caso, declaran en la actualidad que están totalmente convencidos (certeza total) de que “el vehículo del tóxico fue una partida de tomates que contenía el o los organofosforados involucrados en la intoxicación masiva de 1981, partida que se entremezcló con otras en la distribución y comercialización ocurrida en España. Según el doctor Martínez, “era imposible que fuera cualquier tipo de aceite (fuera del tipo que fuera y contuviera lo que contuviera dicho aceite…incluso aunque contuviera organofosforados, o incluso aunque contuviera el ‘Nemacur’)”.

“Estoy convencido de que ‘Los gobiernos de la época’, a nivel de Consejo de Ministros (asi como los ‘Servicios de Inteligencia’, que yo llamaré a veces ‘Cloacas del Estado’) fueron muy conscientes de la mentira científica y la ‘callaron / ocultaron /confundieron’ activamente y sin parar en medios, por lo que son corresponsables de los daños que se derivaron en la salud de los afectados, la injusticia sobre los encarcelados, la transparencia científico-periodística y la grave merma democrática que sufrimos los españoles”, declara el doctor Martínez. Y añade: “También la Corona y estamentos Judiciales participaron en ello, en diversos grados. Las cúpulas de los principales Partidos (desde la extrema izquierda a la extrema derecha) se unieron también a este ‘Pacto de Silencio’, por usar la atinada expresión del título del libro de Andreas Faber Kaiser. El grupo periodístico PRISA participó notoria y mediáticamente en el ‘aplastamiento / confusión’ de la verdad. Y no sólo ‘Los gobiernos de la época’…sino también todos los gobiernos que desde entonces y hasta el presente les han continuado. Cada jefe de gobierno ‘siguiente’ hereda ‘secretos’ y compromisos contraídos que afectan a temas ‘Sensibles’ y ‘Razones de Estado’ provenientes de gobiernos ‘predecesores’: de facto se comprometen a no violar dichos secretos” [56].

[1] Epidemiólogo inglés condecorado por la Reina de Inglaterra con el título de “Sir”. Su carrera estuvo marcada por numerosas controversias. Acceso web: http://www.preventcancer.com/losing/other/doll.htm

[2] Se denomina DL50 (abreviatura de Dosis Letal, 50%) a la dosis de una sustancia que resulta mortal para la mitad de un conjunto de animales de laboratorio.

[3] IPCS-INCHEM, International Programme on Chemical Safety. Acceso web: http://www.inchem.org/.

[4] REPETTO, Manuel, 1997, Toxicología Fundamental, Madrid: Díaz de Santos.

[5] IPCS-INCHEM & University of Oxford Department of Chemistry MSDS. Acceso web: http://www.chem.ox.ac.uk).

[6] Reseña toxicológica de la ANILINA de la Agencia para Substancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR por sus siglas en inglés) del Centro para el Control de Enfermedades (CDC), en Atlanta. Consultar via web: http://www.atsdr.cdc.gov/es/toxfaqs/es_tfacts171.html

[7] Subrayado por la autora.

[8] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco. Y DIARIO 16, edición del 25 de junio de 1981.

[9] Sentencia del Tribunal Supremo 48/1989 (Sala de lo Penal, sección 2), de 20 de mayo de 1989, (recurso 208/1981). Acceso web: http://www.poderjudicial.es/search/doAction?action=contentpdf&databasematch=AN&reference=6092617&links=&optimize=20110825&publicinterface=true

[10] EL PAÍS, edición del 25 de agosto de 1982. (Consutar via web: http://elpais.com/diario/1982/08/25/sociedad/399074401_850215.html)

[11] EQUPO DE INVESTIGACIÓN, 2013, El Precio del aceite, Madrid: La Sexta. Acceso web: http://www.atresplayer.com/television/programas/equipo-de-investigacion/temporada-1/capitulo-73-precio-aceite_2013112900378.html

[12] DIARIO 16, edición del 26 de mayo de 1981.

[13] Es el caso de la abogada Maria Concepción Navarro, que trataremos en las siguientes páginas.

[14] FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[15] Reseña toxicológica de la ANILINA de la Agencia para Substancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR por sus siglas en inglés) del Centro para el Control de Enfermedades (CDC), en Atlanta. Consultar via web: http://www.atsdr.cdc.gov/es/toxfaqs/es_tfacts171.html

[16] Varios autores, Epidemiologic evidence for a new class of compounds associated with toxic oil syndrome. 1999, Epidemiology.

[17] Los análisis muestran que los ratones tan sólo engordan y presentan un pelaje más lustroso al ingerir el aceite de colza desnaturalizado y re-naturalizado.

[18] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco. Y DIARIO 16, edición del 25 de junio de 1981.

[19] Ver informe del análisis del Instituto Nacional de Toxicología consultando el listado de anexos de la página 101.

[20] Comunicación personal con Antonio Muro Aceña. Consultar listado de anexos de la página 103.

[21] OBIOLS, J., Informe toxicológico sobre los Plaguicidas Organofosforados (Parte I), del Centro Nacional de Formación y Documentación, 2002.

[22] Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Informe sobre insecticidas organofosforados de acceso web: http://www.epa.gov/oppfead1/safety/spanish/healthcare/handbook/Spch4.pdf

[23] Comunicación personal con el doctor Guitart. Consultar listado de anexos de la página 100.

[24] Luis Frontela Carreras, catedrático de Medicina Legal, especialista en Medicina Legal y Forense, especialista en Cirugía General, especialista en Traumatología y Ortopedia, director del Instituto Universitario de Medicina Legal y Ciencias Forenses de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla. Con estudios en EE.UU. e Italia, también estudió un posgrado Scotland Yard y el FBI. Es famoso por haber intervenido en el caso Alcàsser o la detención del psicópata Manuel Villegas, entre otros.

[25] Sentencia 12659/1986 del caso. Consultar listado de anexos de la página 101.

[26] Frontela, Luis, Informe pericial que sobre el fallecimiento de Doña Maria Concepción Navarro emite el Profestor Dr. Luis Frontela, 1984.

[27] Frontela, Luis, Informe del profesor Frontela sobre la bioexperimentación con monos, Conclusiones, 1988. Consultar listado de anexos de la página 101.

[28] Salanueva fue procesada por fraude en 1997, ver edición de EL PAÍS: http://elpais.com/diario/1997/03/01/espana/857170821_850215.html

[29] EL PAÍS, edición del 24 de abril de 1985.

[30] Ver las siguientes noticias en Radio Televisión Española (http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-30-anos-envenenados/1094189 y http://www.rtve.es/alacarta/audios/archivo-espana/archivo-espana-caso-colza-defensa-del-consumidor-01-03-14/2425709), Antena 3 (http://www.antena3.com/especiales/noticias/sociedad/una-mirada-atras/tragedia-aceite-colza-cumple-anos_2011050300165.html), o La Sexta (http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/gripe-gripe-porcina-escandalos-previos-carne-equina_2013022600274.html).

[31] Cuenta con más de 60 trabajos publicados en prestigiosas revistas científicas. Acceso web: http://www.biomedexperts.com/Profile.bme/1726762/Claus_K%C3%B6ppel

[32] ALTENKIRCHA, H. & STOLTENBURG-DIDINGERB, G. & KOEPPEL, C., 1988, The neurotoxicological aspects of the toxic oil syndrome (TOS) in Spain, Toxicology: volumen 49, número 1, páginas 25–34.

[33] EL PAÍS, edición del 15 de marzo de 1988. Acceso web: http://elpais.com/diario/1988/03/15/sociedad/574383609_850215.html

[34] PERALTA, A., Sindrome Tóxico. Informe previo del Dr. Ángel Peralta Serrano. Designado perito. Consultar listado de anexos de la página 101.

[35] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco. Y DIARIO 16, edición del 25 de junio de 1981.

[36] FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[37] Se refiere a la madre y su hija, gracias a las cuales el doctor Tabuenca obtuvo pruebas para considerar al aceite como culpable de la intoxicación. El 19 de junio, salía esta noticia en todos los periódicos de la capital (ver DIARIO 16, edición del 19 de junio de 1981).

[38] Carta de Fernando Montoro a Ciriaco de Vicente. Consultar en el anexo de las páginas 96 y 97.

[39] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco. Y DIARIO 16, edición del 25 de junio de 1981.

[40] CAMBIO 16, edición del 11 de febrero de 1985, nº 689. Ver en anexo de las páginas 98 y 99.

[41] Comunicación personal con el doctor Martínez Ruiz. Consultar listado de anexos de la página 101.

[42] MARRUECOS-SANT, L. & MARTÍN-RUBÍ, JC., 2007, Uso de oximas en la intoxicación por organofosforados, Medicina Intensiva: volumen 31, número 5. Acceso web: http://scielo.isciii.es/scielo.php?tlng=en&nrm=iso&script=sci_arttext&pid=S0210-56912007000500007&lng=en

[43] Red Nacional del síndrome de la Eosinofilia-Mialgia: http://www.nemsn.org/cause.htm

[44] Varios autores, Eosinophilia-Myalgia Syndrome, 2014, Medscape. Acceso web: http://emedicine.medscape.com/article/329614-overview

[45] Revista DSalud, edición de febrero de 2001. Acceso web: http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=1063

[46] DOGMACERO, edición de noviembre y diciembre de 2013.

[47] Un 30% de los suicidios a nivel mundial se llevan a cabo con pesticidas y los organofosforados son los más utilizados, según EDDLESTON, M., 2013, Preventing deaths from self-poisoning in the developing world. Acceso web: http://www.hsph.harvard.edu/hicrc/files/2013/01/Eddleston_Talk_9.19.08.pdf

[48] Varios autores, 2011, Documento de consenso de Sensibilidad Química Múltiple, Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Acceso web: http://www.semfyc.es/biblioteca/virtual/detalle/Consenso_Sensibilidad_Quimica_Multiple/

[49] Ibídem.

[50] Comunicación personal con los doctores Fernández-Solà y Rodríguez Moyano. Consultar listado de anexos de la página 101.

[51] Comunicación personal con el doctor Martínez Ruiz. Consultar en el listado de anexos de la página 101.

[52] WOOFFINDEN, B., 25 de agosto de 2001, Cover-up, Londres: The Guardian. Recurso electrónico: http://www.theguardian.com/education/2001/aug/25/research.highereducation

[53] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[54] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[55] GRIMALDOS, Alfredo, 2006, La CIA en España. Madrid: Debate.

[56] Comunicación personal con el doctor Martínez Ruiz. Consultar en el listado de anexos de la página 101.

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Un médico militar logró curar a los enfermos

El teniente coronel Luis Sánchez-Monge era médico de cabecera del Ejército Español durante los años del síndrome tóxico y experto en armas bacteriológicas. El doctor Sánchez-Monge logró curar a dos niños gravemente afectados por el síndrome tóxico, aplicándoles un tratamiento contra la intoxicación por organofosforados. Más tarde, conseguiría curar a otros afectados con el mismo tratamiento.

Ante la espectacular efectividad de sus tratamientos, el médico militar redactó dos informes que los explican en detalle y haciéndolos llegar, ofreciéndose también a prestar ayuda, a los principales hospitales y autoridades del país (al INSALUD y a la Dirección General de Salud Pública). También publica en 1982, un artículo en la revista Tribuna Médica, en el que se explica el tratamiento a seguir. Sin embargo, es ignorado completamente y no recibe respuesta alguna, ni por parte del Gobierno ni de los hospitales.

En sus informes, Sánchez-Monge afirmaba que el origen de la enfermedad radicaba en “un veneno que bloqueaba la colinesterasa o bien un tóxico de estructura parecida a la acetilcolina pero que no responda a la acción de la colinesterasa”[1], que en el segundo informe especifica diciendo que “mis conclusiones personales son, en mi opinión, que la intoxicación se debe a un compuesto organofosforado[2].

[1] SÁNCHEZ-MONGE, L., 1982, Informe médico sobre mi experiencia personal en el síndrome tóxico por aceite adulterado. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[2] SÁNCHEZ-MONGE, L., 1982, Informe médico que formula el Dr. Luis Sánchez-Monge sobre su experiencia en el síndrome tóxico por aceite adulterado, por solicitud del Coordinador General de dicho Plan Nacional y como ampliación a mi anterior trabajo. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

El gobierno oculta la verdad

El 6 de mayo, el gobierno empieza a intervenir y la Secretaría de Estado para la Sanidad crea los grupos de trabajo microbiológico, clínico y epidemiológico. Las autoridades sanitarias deciden ese mismo día, ajenas a las indicaciones de reputados médicos (como el ya mencionado doctor Muro, jefe en funciones del Hospital Rey de Madrid y número uno de su promoción) que se rellene una ficha epidemiológica de neumonía a todos los ingresos hospitalarios.

Desde el mismo momento en que interviene el gobierno español, es cuando se forman graves contradicciones que desembocarán en la injusta acusación del aceite de colza y en la más absoluta opacidad respecto al acontecimiento del síndrome tóxico.

También es en este momento cuando la prensa despierta y por lo tanto, la opinión pública y la población de Madrid empieza a preocuparse ante “una nueva y hasta ahora completamente desconocida enfermedad” que en Madrid ya había matado a cuatro personas y enfermado a otras 57[1].

Las primeras manifestaciones públicas de funcionarios del gobierno intentan tranquilizar a la población quitándo importancia a una epidemia que se extiende de manera vertiginosa por toda España. Unas manifestaciones que sentenciaran el futuro y la trayectoria política de estos funcionarios. Así, en fecha de 8 de mayo, el doctor Luís Cañada, subdirector general de Programas de Salud afirma, en declaraciones a Diario 16, que “es posible que el brote no sea debido a la legionela como se había afirmado, pero aún no se puede descartar tal posibilidad”.

Luís Sánchez-Harguindey, el Secretario de Estado para la Sanidad, constituye este mismo día una “Secretaría Permanente”, encargada de coordinar y dirigir las actuaciones de los distintos departamentos de las Administraciones Públicas, con la creación de las Comisiones: Clínica, Epidemiológica, de Investigación y Etiológica. La Comisión de Epidemiología cita a los directores de los principales hospitales de Madrid para informarles de la existencia de un brote epidémico del que podría ser responsable la enfermedad del legionario (legionela). En esta reunión, se etiqueta la enfermedad como “neumonía atípica” y se registran graves deficiencias en el rigor y la comunicación entre los distintos grupos de trabajo. Como ya se ha comentado, desde el 6 de mayo se conoce que la legionela no puede ser la causa de la rara enfermedad.

El 9 de mayo, Luis Valenciano, director general de Salud Pública (y padre de la actual vicesecretaria del PSOE, Elena Valenciano), viaja hasta Ginebra para mantener una reunión con técnicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a partir de su regreso a Madrid, se mantendrá diariamente en contacto telefónico con la organización internacional[2].

Durante la reunión de la Comisión de Epidemiología de la mañana del 10 de mayo, en el piso de epidemiología, “el doctor Urbistondo y el doctor Plaza comentaron la posibilidad de que se tratase de una enfermedad por vía digestiva[3]”, hipótesis a la que el doctor Muro (integrante de la Comisión) dio respaldo por parecerle la más sensata.

Mientras tanto, el doctor Luís Sánchez-Harguindey (presente en las reuniones de la Comisión que también gestiona) decía en Radio Nacional de España: “hace falta cama y tranquilidad, el tema se está controlando (…). El incremento de casos de neumonía atípica en Madrid es preocupante, pero no alarmante”.

El doctor Muro y todo su equipo, que también integra su hijo, el doctor Antonio Muro Aceña, realizan la primera encuesta epidemiológica reglada a los pacientes del síndrome tóxico. El resultado muestra que todos tienen en común el consumo de ensalada y compran en un mercadillo ambulante que se instala de manera rotativa todos los días de la semana, en cada uno de los pueblos afectados (Torrejón, Alcorcón, Móstoles, Alcalá de Henares, entre otros)[4]. Se informa de estos resultados, la misma tarde del día 10, al doctor Luís Valenciano, así como de la ruta comercial y los productos que dicen haber consumido las víctimas, en esta primera encuesta[5].

Sin embargo, en la reunión conjunta de la Comisión Epidemiológica del día siguiente, estos datos no son tenidos en cuenta pese a la reiterada insistencia de los doctores Muro, Plaza y Urbistondo, entre otros, que comprueban cómo todo el estudio va dirigido a las vías respiratorias. Esta omisión empieza a ser especialmente flagrante cuando, durante una reunión (el 11 de mayo 1981), sobre el análisis anatomopatológico[6], “toda la necropsia iba dirigida al pulmón[7]. Y aunque la conclusión del informe probara que se trataba de una enfermedad que provocaba edema en cerebro, pericardio, aparato digestivo y pulmón, en los próximos días y por parte de las autoridades sanitarias se sigue insistiendo en que es una enfermedad respiratoria en lugar de sistémica[8].

Paralelamente, ese mismo día y según un documento interno de la propia institución[9], Phillip S. Brachman, director de la Oficina de Programas Epidemiológicos del Centers for Deasease Control (CDC) de Atlanta (Georgia, Estados Unidos), recibe una llamada de Florencio P. Gallardo, director del Centro Nacional de Microbiología y Virología dependiente del Ministerio de Sanidad, Consumo y Seguridad Social, pidiéndole asistencia en la evaluación del problema. La conversación se extiende a otros miembros del CDC: John V. Bennet, Roger A. Feldman y William G Winkler, del Centro de Enfermedades Infecciosas (CID); y al mismo tiempo, el CDC decide enviar el día siguiente a William B. Baine, del Centro de Programas Epidemiológicos, a Madrid para ofrecer asistencia.

El 12 de mayo, con 7 muertos y 141 afectados, aparecen en los periódicos algunas piezas que vale la pena reproducir aquí. En primer lugar, el ya mencionado doctor Luís Valenciano (doctor general de Salud Pública) declara en El País: “los informes apuntan hacia una transmisión por vía aérea, y se sospecha bastante fundadamente que cuando los miembros de una misma familia enferman es porque hay una fuente común de infección, no porque unos contagien a otros. Yo diría que se trata de un brote poco contagioso. (…) Yo no diría que estemos ante una enfermedad peligrosa, a pesar de su extensión y de los fallecimientos ocurridos. Conocemos la forma de diagnosticarla de forma precoz y conocemos un tratamiento eficaz[10]; en este sentido cabe afirmar que se trata de un proceso serio, pero no peligroso. (…) El riesgo de que esta epidemia se extienda a otras provincias, o incluso a otros países existe, desde luego, pero no es probable.[11] (…) En mi opinión, las medidas adoptadas por la Secretaría de Estado para la Sanidad son las más adecuadas, y más no se hubiera podido hacer en ningún otro país del mundo; estamos, además, en continuo contacto con la Organización Mundial de la Salud, intercambiando información y colaborando con importantes laboratorios extranjeros para la identificación del germen.[12]”.

Asimismo, el doctor Luís Sánchez-Harguindey, Secretario de Estado para la Sanidad, en la siguiente página de la misma edición de El País, escribió una tribuna en la que menciona: “(respecto al cuadro clínico de la enfermedad)[13] la evolución es habitualmente benigna, aunque ocasionalmente puede desarrollarse una insuficiencia respiratoria grave que requiere terapéutica intensiva. Tratamiento: los casos analizados hasta ahora han tenido una respuesta muy favorable mediante la utilización de un antibiótico específico de uso frecuente en nuestro medio, cuya naturaleza y manejo han sido ya descritos para los diversos centros asistenciales. El objeto de este artículo es proporcionar información abierta a la población sobre un brote epidemiológico importante, pero frente al que no estamos indefensos, ya que se ha conseguido con la colaboración de todos caracterizar los síntomas de la enfermedad, llegar al diagnóstico a través de la radiografía y determinar el tratamiento antibiótico eficaz.”[14]

El mismo día, en el Diario Ya aparece un artículo firmado por el doctor Ángel Peralta (jefe del departamento de Endocrinología del Hospital infantil de la Ciudad Sanitaria de La Paz de Madrid y designado perito para el juicio del síndrome tóxico) en que habla de la posibilidad de que la enfermedad se deba a una intoxicación por organofosforados: “Una posibilidad que podría explicar estos casos sería la de una intoxicación por insecticidas spray, que al inhalarse podrían afectar primero al pulmón y luego al hígado y la sangre. Estos cuadros clínicos tan localizados en familias enteras tendrían una mejor explicación que la de una simple infección viral (neumonía atípica). En las intoxicaciones por fósforo orgánico si se recibe por vía de inhalación se podría explicar el cuadro clínico tan limitado a unas cuantas familias. La realidad es que los casos que han fallecido dan más impresión de una intoxicación que de una infección viral”. Este artículo fue replicado al día siguiente por el Secretario de Estado para la Sanidad, Luís Sánchez-Harguindey, en carta abierta publicada en el mismo rotativo, con lo cual evidenciaba estar perfectamente al corriente de lo expuesto el día anterior por Peralta. Pero no obra en interés de los enfermos y el gobierno sigue obviando las tesis alternativas a la neumonía, la legionela y la transmisión por vía aérea.

Durante los días 12 y 13 de mayo, el doctor Muro y su equipo averiguan la procedencia de los productos agrarios de los mercadillos ambulantes a los que habían acudido los afectados. El día 13 los doctores Muro y Juan Raúl Sanz llaman a los doctores Munuera y Cañada (autoridades sanitarias) para explicarles su hipótesis. El doctor Muro les expone la predicción de los lugares donde van a aparecer nuevos casos y al día siguiente (14 de mayo), sus pronósticos se confirman y todos los nuevos ingresos proceden exactamente de los pueblos y ciudades vaticinados por el doctor Muro.

Quedaba confirmada así la hipótesis de la vía digestiva y el equipo de Muro dedica todos sus enfermos a investigar los productos típicos de la ensalada y que tiene en común todos los pacientes encuestados. Sin embargo, los periódicos españoles anuncian en portada que según una nota ministerial, la posible causa de la neumonía atípica es un micoplasma pneumoniae[15] (vía respiratoria).

El 15 de mayo, al día siguiente de haber pronosticado la procedencia de los nuevos ingresos, el doctor Muro recibe un telegrama que le anuncia su cese fulminante como director en funciones del Hospital del Rey de Madrid. Según la nota oficial del Ministerio de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, el cese de Muro se atribuía a “razones de salud como consecuencia del excesivo trabajo soportado en los último días”, mientras que la prensa española apunta a otras variopintas causas: petición del cese por parte de los médicos del Hospital del Rey, contagio de la enfermedad al propio Muro o hipótesis sostenida por Muro sobre el brote epidémico que ridiculizan otras versiones[16].

Pese a su despido, el doctor Muro y sus colaboradores no dejan de investigar en los mercadillos ambulantes para descartar la culpabilidad de los productos sospechosos presentes en la ensalada. Entonces dirigen su atención en las garrafas de aceite que ven que adquiere una gran cantidad de personas. Muro y su equipo estudian, no sin pocas dificultades[17], la posible vinculación del aceite con la epidemia. Hipótesis que independientemente, también defiende el doctor Tabuenca Oliver, director en funciones del Hospital del Niño Jesús, a partir del 28 de mayo.

Los distintos acusados de provocar la epidemia, que recoge DIARIO 16, en la edición del 16 de mayo de 1981.
Los distintos acusados de provocar la epidemia, que recoge DIARIO 16, en la edición del 16 de mayo de 1981.

Numerosos profesionales de la salud siguen sospechando de la base americana de Torrejón de Ardoz, por lo que algunos se dirigen hasta las instalaciones para investigar si se trata del foco de la epidemia. Sin embargo, se les niega la entrada y así lo publicaba en su portada Diario 16:

DIARIO 16, edición del 20 de mayo de 1981.
DIARIO 16, edición del 20 de mayo de 1981.

Durante la semana del 18 al 24 de mayo, los ingresos hospitalarios acumulados por neumonía atípica ascienden a 2.632 personas, mientras que las muertes hasta el momento son 15[18]. Todos los médicos del país y también los americanos que han venido del CDC de Atlanta (Center for Desease Control) y por un congreso de la Cruz Roja, tienen opiniones contradictorias respecto al causante de la enfermedad.

Luís Sánchez Harguindey (secretario de estado para la Sanidad) señala a los periódicos que “no podemos asegurar que el origen esté en el micoplasma”, al mismo tiempo que confirma el envío de vísceras de fallecidos a los laboratorios del CDC y afirma que el Ministerio no puede dar a la población una serie de normas específicas a seguir, puesto que no se conoce el origen de la epidemia; “no se puede hablar de verduras y hortalizas que no se puedan comer, puesto que no hay nada constatado de que produzcan la enfermedad”[19].

El 21 de mayo, el ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Jesús Sancho Rof, protagoniza la primera rueda de prensa que hace el gobierno español sobre el síndrome tóxico. El acontecimiento le dará el sobrenombre de “el ministro del bichito” a Sancho Rof, que asegura: “estamos ante un problema importante pero no grave. Es más grave la gripe. La única diferencia es la característica atípica. (…) No hay ninguna otra investigación válida y demostrada en este momento. En todas las autopsias realizadas se detectó el micoplasma y ningún otro agente. Se conoce su nombre y primer apellido, pero falta conocer su segundo apellido. (…) Es un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata[20]”. Seis años más tarde declararía en una revista: “A mí me pillaron en una maniobra política y jugué el papel de malo de la película porque era el ministro de Sanidad[21].

Ante el aumento de casos (6.091 enfermos y 28 defunciones, hasta el 7 de junio) y la desinformación, los hospitales no tienen camas suficientes y cunde el pánico entre la población española: se dejan de comprar verduras y hortalizas, varias toneladas de fresas, lechugas y cebollas se quedan sin vender en varias ciudades españolas y los importadores franceses se niegan a dejar entrar productos españoles. Los políticos se ven obligados a consumir estos productos en público para salvar a los agricultores, y algunas familias matan a animales de compañía como perros, gatos y canarios por miedo a que puedan transmitir la enfermedad[22].

A los veinte días de estar detectada la epidemia, las críticas ante la dudosa actuación del gobierno empiezan a brotar sin disimulo entre la opinión pública, los medios de comunicación y los propios profesionales de la sanidad. Así, el periodista Jesús de Las Heras publica un artículo bajo el titular “Puntos oscuros y ausencia de planificación epidemiológica” en el que denuncia notorias contradicciones y opacidades, así como una inadecuada planificación epidemiológica: las autoridades afirman que “no se trata de una epidemia de importancia, pero se crea una alerta sanitaria y una secretaría de control permanente. (…) Se descarta la legionela pero rápidamente se afirma que es un micoplasma: el neumónico; (…) Con tan escasa información válida, numerosos observadores cualificados estiman que la investigación seguida parece excesivamente constreñida al microscopio. Estos observadores echan en falta un estudio epidemiológico serio (…) La contratación de un buen epidemiólogo, si es que en España no han encontrado ninguno, hubiera costado menos que el gasto que originan dos enfermos”[23].

El alcance de la epidemia llega a varias provincias y traspasa fronteras llegando hasta el norte de Portugal. Las ciudades más afectadas son Madrid, Valladolid, León, Palencia, Sevilla, Ávila, Segovia, Burgos, Zamora y Guadalajara. Más tarde, el gobierno negará la existencia de casos en aquellas ciudades donde la incidencia ha sido más baja y no se vendió el aceite.

El 9 de junio, el doctor Muro recibe los resultados de los análisis de unas muestras de aceite de sus pacientes. Los resultados muestran que 7 de los 10 aceites tenían colza, 6 tenían grasas animales y 3 son muy diferentes entres sí: uno era de girasol y oliva, otro de oliva y soja, y otro de girasol. Ante tal variedad, Muro descarta definitivamente la hipótesis del aceite, ya que todos los afectados comparten síntomas muy similares y han enfermado en un mismo período de tiempo (por lo que es de suponer que el origen de la enfermedad proviene de un foco común), y los aceites extraídos de sus casas no comparten una misma composición.

Ese mismo día, el doctor Tabuenca Oliver (considerado el padre de la teoría del aceite[24]) cree haber encontrado la causa de la epidemia en el aceite de colza y envía una carta al Ministro de Sanidad, Sancho Rof y al día siguiente escribe también al Secretario de Estado para la Sanidad, Sánchez-Harguindey[25]:

“Querido Sr. Secretario de Estado:

Le comunico que el resultado de la encuesta realizada entre sesenta enfermos de neumonía atípica es que toman aceite a granel de vendedores o mercados ambulantes al 100%. Todos ellos niños.

De cincuenta encuestados sanos toman el 6,4% (de las consultas quirúrgicas).

Me acaban de comunicar del laboratorio que encuentran en todas las muestras del aceite, acetil anilida, sustancia cuya toxicidad y mecanismos tengo que estudiar y comprobar.

Mañana, sin embargo, se continuarán estudiando estos datos en sangre ya que sería decisivo comprobar la presencia de ésta u otras substancias.

Parece tratarse de un aceite muy mezclado y de baja calidad, no tiene marca y todos ellos de venta ambulante exclusivamente, no parece, en principio, que pudiera tener aceite mineral.

Lo que le comunico con cordial afecto. Madrid, 10 de junio de 1981.

Juan Manuel Tabuenca Oliver

Sorprendentemente, cuando el cesado doctor Muro deshecha completamente la hipótesis del aceite y el doctor Tabuenca sólo empezaba a investigarla, el programa Al cierre de Televisión Española anuncia el 10 de junio que la causa que ha producido la neumonía atípica, podría encontrarse en un aceite adulterado.

Toda la prensa española muestra su estupefacción al día siguiente, pues tras la reunión del Ministerio que terminó a las siete de la tarde del día anterior, tan sólo se les dijo “no hay absolutamente nada nuevo”. A la pregunta de cómo seguía la investigación del aceite se les responde que todavía no se tienen datos y el periódico El País titula al día siguiente: “Extraña nota de la Dirección General de la Salud sobre la neumonía atípica”[26]. La nota de prensa en cuestión reza así: “en la investigación epidemiológica sobre el brote epidémico de la neumonía atípica se ha detectado que en determinadas zonas se produce la venta ambulante domiciliaria de aceite a granel, sin marca ni ningún tipo de control, que parece proceder de una mezcla de aceites comestibles con otras sustancias prohibidas por la legislación vigente”.

Durante los próximos meses, cientos de médicos españoles y especialistas del CDC de Atlanta no cesan en sus investigaciones en torno al aceite, con el fin de encontrar el tóxico exacto que ha causado la epidemia. Son varias las fuentes que aseguran que los médicos implicados en la investigación de la enfermedad han sido obligados a analizar el aceite y nada más[27].

El mismo día que el Ministerio de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social concluye que el origen está en el aceite de colza desnaturalizado, el director general de Salud Pública, Luís Valenciano, asegura: “la toxicidad producida por los productos encontrados en el aceite no suele ser el cuadro que estamos viendo en la neumonía atípica, por lo que hay que seguir buscando[28].

Sin embargo, no ha pasado ni una semana de estas declaraciones cuando el gobierno español empieza a enviar muestras de este aceite supuestamente tóxico a los principales laboratorios europeos. Éstos llegan incluso a dudar de la toxicidad de los aceites ante la falta de agentes nocivos en los análisis que llevan a cabo. Eminentes toxicólogos de Lyón (Francia), Atlanta (EE.UU) y Berlín (Alemania) redactan informes que concluyen que los aceites analizados no producen efectos tóxicos en los animales de experimentación y que las denominadas anilinas y anilidas no pueden ser el causante del síndrome tóxico. La eminente toxicóloga Renate Kimbrough, del CDC de Atlanta y solicitada por la OMS para la investigación del síndrome tóxico, escribe en carta en 1985 a la eurodiputada alemana Dorothee Piermont: “hemos identificado anilina y una serie de otros compuestos. Pero estas substancias no producen el tipo de enfermedad que se ha visto en España. (…) Además hay que tomar en consideración que cuando ciertos acontecimientos están relacionados con alguna enfermedad como en este caso, el consumo de aceite, esto no significa necesariamente que se haya establecido una relación causa-efecto[29].

Asimismo, el toxicólogo alemán, Claus Köppel, escribió: “nuestros experimentos con ratones no han producido ningún efecto tóxico; a nuestro entender las anilidas no son el causante del síndrome del aceite tóxico. (…) Tenemos algunas dudas sobre los experimentos animales del Doctor Tena[30]. El doctor Köppel se refiere al doctor Guillermo Tena, director del Instituto Nacional de Toxicología, que elaboró un trabajo, “Estudio de las manifestaciones Histopatológicas en ratas Wistar ocasionadas por la administración de aceite tóxicos y oleianilidas asociadas al síndrome tóxico”, en el que decía haber reproducido síntomas del síndrome tóxico en ratas, pese a que jamás se han podido reproducir unos resultados parecidos en ningún lugar del mundo. A este respecto, el profesor Raimon Guitart, citado por sus estudios entorno al aceite de colza desnaturalizado en los libros editados por la OMS sobre el síndrome tóxico, comentó: “cientos de estudios en relación al síndrome tóxico no se han hecho con el suficiente rigor y consecuentemente la gran mayoría de ellos ni siquiera se han publicado en revistas científicas”[31]. Sin embargo, el doctor Tena es citado en todos los libros editados por la Oficina Regional de la OMS y en los dos volúmenes del Programa del CSIC para el estudio del síndrome tóxico, Trabajos reunidos y comunicaciones solicitadas.

Paralelamente, empiezan las primeras detenciones de los presuntos vendedores, productores o distribuidores de aceite de colza[32]. El 26 de junio el Ministerio de Sanidad anuncia que el aceite tóxico sería sustituido por aceite de oliva puro a partir del 30 de junio, día en que efectivamente se inicia del canje. Este intercambio provoca colas larguísimas de personas y al mismo tiempo, cientos de casos de fraude en los que se cambia garrafas de diversas sustancias (gasolina, aceite de origen dudoso adulterado con cualquier otra sustancia, etc.) por aceite de oliva puro[33].

Como resultado, las muestras de “aceite” que va acumulando la Administración se almacenan sin ningún tipo de control, orden o etiquetaje adecuado. Muchos expertos son de la opinión que los aceites incautados durante la denominada “operación canje” no son científicamente fiables. Según el toxicólogo, Raimon Guitart, “los únicos aceites fiables eran los del CDC[34].

DIARIO 16, ediciones del 1 y 2 de julio de 1981.
DIARIO 16, ediciones del 1 y 2 de julio de 1981.

Según la Coordinadora Nacional de Asociaciones de Afectados del Síndrome Tóxico: “a partir de los aceites procedentes de la operación canje y almacenados en la nave de Arganda, se realizó una enorme tarea ordenando y registrando más de treinta y seis mil (36.000) envases. Posteriormente, de entre éstos se extrajeron aproximadamente tres mil (3.000), que se pudieron relacionar con afectados, creándose una oleoteca con todas estas garrafas, que fueron almacenadas en la propia sede del FIS en condiciones más adecuadas para su conservación, con variaciones ambientales pequeñas a lo largo del tiempo”[35].

El 3 de agosto, la Comisión Clínica para el Seguimiento del Síndrome Tóxico, dicta unas pautas para diagnosticar a un enfermo de síndrome tóxico, diferenciando entre unos criterios mayores y menores. Es destacable el hecho de que entre los cuatro criterios mayores esté el siguiente: “Antecedentes de consumo de aceite presuntamente tóxico y/o incidencia de la enfermedad en el núcleo de convivencia familiar”. Por lo que pronto se convertiría en una exigencia para entrar en el censo de afectados, el haber consumido aceite de colza, así como para ser beneficiario de una indemnización.

Pese a que finalmente la OMS denominara a la enfermedad como Síndrome del Aceite Tóxico (SAT) y la justicia española declarara como culpable de la intoxicación al aceite de colza, numerosas personalidades del mundo médico, político, jurídico y periodístico así como un gran número de víctimas han rechazado de forma vehemente tal explicación.

En la actualidad, la hipótesis del aceite tan sólo se sostiene en dudosos estudios epidemiológicos pero jamás se ha logrado reproducir los síntomas en experimentos con animales ni se ha encontrado el tóxico concreto en cuestión en el aceite de colza.

Aún así, científicos y jueces concluyen que la presencia de anilinas y anilidas de ácidos grasos en el aceite es el causante del síndrome tóxico. Pero son muchos los que más tarde han manifestado arrepentirse de los estudios contra el aceite u oponerse totalmente a la tesis oficial ante la falta de pruebas.

El 20 de agosto, el gobierno disuelve la Secretaría Permanente y crea el Programa Nacional de Atención y Seguimiento de los Afectados por el Síndrome Tóxico. Su director, Manuel Evangelista Benítez, dimite al año siguiente ante la falta de investigación epidemiológica. Tal y como se explica en el Anexo II del Informe resumido de las actuaciones del Programa, el representante de la Dirección General de Salud Pública, Ricardo Saiegh, no asiste a las sesiones de epidemiológicas. El mismo informe menciona al respecto que “la reiteración de estas situaciones y el mantenimiento de esta actitud entraña, a juicio de esta Dirección, graves omisiones administrativas” y que la ausencia del doctor Saiegh podría ser indicativo de que la Dirección General de Salud Pública no quería estar presente en los trabajos del Grupo Epidemiológico del Programa[36].

La OMS recibió todos los informes de los diferentes expertos que, como la doctora Kimbrough, analizaron las muestras de aceite y los probaron en animales de experimentación, pero durante la reunión de expertos que llevó a cabo para tratar el tema, se decidió ignorar dichos informes y denominar la enfermedad bajo el nombre Síndrome del Aceite Tóxico (Toxic Oil Syndrome: TOS). En esta reunión de la OMS, también se decide sugerir al gobierno de España la formación de una nueva comisión epidemiológica para revisar todos los datos existentes y comprobar la validez de la hipótesis del aceite.

Siguiendo esta recomendación, el Estado español crea el 20 de junio de 1982 el denominado Plan Nacional para el Síndrome Tóxico (PNST) con los siguientes objetivos:

  • Revisar toda la información epidemiológica existente.
  • Anotar todos los datos necesarios futuros y reforzarlos, para mantener una observación epidemiológica eficaz.
  • Verificar la conexión epidemiológica entre la ingestión de aceite de venta ambulante y el Síndrome.
  • Establecer la relación entre la enfermedad y los posibles agentes tóxicos en los aceites (anilinas/anilidas) bajo un punto de vista epidemiológico.

Fecha de creación Organismo
9 de mayo de 1981 Secretaría Permanente
20 de agosto de 1981 Programa Nacional de Atención y Seguimiento de los Afectados por el Síndrome Tóxico
19 de abril de 1982 Programa Nacional de Ayuda a los Afectados por el Síndrome Tóxico
25 de junio de 1982 Plan Nacional para el Síndrome Tóxico

Los doctores Maria Jesús Clavera y Francisco Javier Martínez Ruiz formaron parte de la Comisión epidemiológica del Plan Nacional del Síndrome Tóxico (entre 1983 y 1984) y en sus investigaciones descubrieron que los aceites de colza a los que se acusaba, en realidad no tenían nada en común, que el mapa de distribución no coincidía con las poblaciones de afectados y un gran número de víctimas ni tan sólo había consumido el aceite de colza.

Una de los primeros puntos que la nueva Comisión revisó fue precisamente la afirmación de que el número de nuevos ingresos por síndrome tóxico desciende a raíz del anuncio por Televisión Española, la noche del 10 de junio, de que el aceite de colza es el responsable de la intoxicación. Recordemos que los medios de comunicación informan a partir de una extraña nota de prensa de la Dirección General de la Salud, que reciben varias horas después de que se les informara oficialmente de que no había ninguna novedad en relación al causante de la enfermedad.

del libro editado por Presidencia del Gobierno.
Gráfico del libro editado por Presidencia del Gobierno.

[1] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

El argumento de la curva de incidencia era defendido por la Comisión Clínica de la Secretaría Permanente, el Programa Nacional de Atención y Seguimiento del Síndrome Tóxico, y el doctor Juan Manuel Tabuenca Oliver -en su informe sobre la reunión de la OMS en Madrid en 1983- que afirma explícitamente: “La operación de intercambio se inició el 30 de junio y a partir de entonces quedó yugulada la tremenda escalada de enfermos y muertes”[38].

La gráfica elaborada por los organismos sanitarios gubernamentales está atrasada y manipulada para amparar la hipótesis que propugna que el aceite es el culpable. En la ilustración que se adjunta, se muestra la gráfica que publicaron los medios, utilizaron científicos y muestran las publicaciones gubernamentales. Como se observa, la curva indica que a partir del 10 de junio (cuando se acusa al aceite) los números de nuevos ingresos descienden rápidamente.

     Pues bien, la ya mencionada doctora Clavera (del nuevo Plan Nacional) escribe un informe que registra ante notario afirmando: “Hay que señalar que en el origen de los datos con los que han sido confeccionados estos gráficos, existen sesgos cuya magnitud y sentido es preciso evaluar y tener en cuenta. En particular la fecha en la que un afectado ha sido detectado como ‘nuevo caso aparecido’, está probablemente retrasada (¡nunca adelantada!) en el tiempo, en un intervalo que puede estimarse en un mínimo probable de unos 3 días y un máximo probablemente de unos 6 días (en algunas provincias administrativamente ‘detectadas’ más tardíamente -Ej. Toledo- este máximo de atraso puede tener dimensiones

Curva de incidencia, extraída de FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.
Curva de incidencia, extraída de FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

mayores). El censo de afectados no registra la fecha real de aparición de ‘primeros síntomas’ del síndrome tóxico, sino tan sólo acontecimientos clínico administrativos necesariamente más retrasados. (…) Llama la atención, también, el claro adelanto del comienzo del descenso del brote epidémico en la mayoría de provincias. En la provincia de mayor frecuencia absoluta de casos (Madrid); el comienzo del descenso se inicia 11 días antes del anuncio por televisión del presunto factor etiológico del aceite, y 18 días antes de la orden ministerial de retirada del aceite, y 31 días antes del comienzo efectivo de dicha retirada (primera operación de canje de aceite). Ninguno de estos eventos parece hacer fluctuar el descenso lognormal de la cuna de incidencia”[39].

Asimismo, los doctores Clavera y Martínez Ruiz comprobaron durante 8 meses el argumento del origen común de los aceites, concluyendo que los aceites no compartían un origen, distribuidor o componentes comunes, por lo que era imposible afirmar que los aceites de colza tuvieran un origen común. Al mismo tiempo, comprobaron que un porcentaje elevado de afectados ni siquiera había consumido jamás algún tipo de aceite sin etiquetado, en garrafa o de venta a granel. En tercer lugar, detectaron que tampoco se correspondían todas las áreas de distribución de estos aceites con las poblaciones de afectados[40].

Así pues, se llega incluso a descubrir que en Cataluña se distribuyeron hasta 350.0000 Kg. del mismo aceite que fue vendido en Castilla y León, sin causar en los catalanes ningún tipo de intoxicación. Esta evidencia lleva al periodista Andreas Faber-Kaiser a titular uno de los capítulos de su libro de esta manera: “Los catalanes son genéticamente distintos[41].

Por otro lado, grandes concentraciones de gente consumieron los aceites presuntamente tóxicos sin que hubiese ni un solo enfermo: hospitales (Primero de Octubre), cuarteles (en Carabanchel, Campamento, Aluche, Colmenar Viejo), universidades (comedor de la Facultad de Económicas de Somosaguas), asilos (Residencia de Ancianos de Palencia), hoteles, fábricas, etc.[42]

Efectivamente, de forma paralela el Secretario de Estado para el Consumo, Enrique Martínez de Genique, elaboró un mapa relacionando las redes de distribución del aceite con las poblaciones de afectados y resultó que un elevado número de víctimas vivían en lugares realmente alejados de los centros de venta ambulante. El mapa en cuestión jamás se ha hecho público y Martínez de Genique, que fue despedido 4 meses después, afirmó en un documental en 1990: “Políticamente hay que pensar que en aquel momento en España nos encontrábamos todavía en la Transición, en una situación política complicada, donde el poder estaba sobre la mesa o, si queremos decir la pelota estaba en el tejado, y una tragedia como fue el tema del síndrome tóxico en España, que fue una gran tragedia, era un arma arrojadiza desde un punto de vista político muy importante. El gobierno tenía la obligación de dar una respuesta a la sociedad y la respuesta de la colza pareció válida”[43].

El hecho que acaba de sentenciar la lamentable actuación del gobierno es que cualquier víctima que negara haber consumido aceite, no recibiría indemnización, por lo que obviamente, todos los enfermos admitieron rápidamente haber consumido aceite de colza. Por otra parte, un gran número de enfermos fueron excluidos del censo de afectados por negarse a haber consumido aceite o por residir en poblaciones realmente alejadas de las vías de distribución del aceite[44].

La utilización de la tragedia por parte del gobierno español como arma política quedó patente con el cambio de gobierno que instauró la presidencia de Felipe González. Tras haber respaldado a las víctimas del síndrome tóxico cuando el PSOE estaba en la oposición, abandonó cruelmente el tema una vez hubo ganado las elecciones.

La Coordinadora de Asociaciones difundió un comunicado con el siguiente texto: “Socialistas, traidores y manipuladores de los afectados por el síndrome tóxico. Ciriaco de Vicente, diputado del PSOE, manipulador que has vendido con tu silencio a los afectados, danos las metralletas que nos ofreciste para defender nuestra salud. El Gobierno de la UCD, culpable del mayor envenenamiento de la historia del Estado español. Nosotros os condenamos a la culpabilidad como a aquéllos que comerciaron con el aceite tóxico de colza[45]. En la época, incluso se llegaron a elaborar carteles políticos. A continuación, en la ilustración 9, se muestra un cartel del partido Frente de Izquierda Comunista en el que se critica duramente la gestión del síndrome tóxico:

Cartel político del Frente de Izquierda Comunista, Fondo de Documentación Política Contemporánia (CEDOC), Universitat Autònoma de Barcelona.
Cartel político del Frente de Izquierda Comunista, Fondo de Documentación Política Contemporánia (CEDOC), Universitat Autònoma de Barcelona.

Asimismo, durante el juicio de la colza, el ex ministro Sancho Rof, declaró que “la descoordinación del gobierno impidió frenar a tiempo el envenenamiento de la colza” y que todavía entonces se seguían vendiendo las garrafas del aceite culpable de la mayor epidemia alimentaria de la historia de España[46].

[1] Ediciones del Diario 16 y El País del 10 al 12 de mayo de 1981.

[2] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[3] Comentarios del doctor Muro al periodista Andreas Faber-Kaiser y transcritos literalmente en FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, pp. 108-109, Barcelona: Royland.

[4] Comunicación personal con Antonio Muro Aceña (consultar en el listado de anexos de la página 100) & GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[5] El doctor Muro llega a efectuar unas 5.000 encuestas regladas a afectados por el síndrome tóxico.

[6] Rama de la Medicina que se ocupa de las causas, desarrollo y consecuencias de las enfermedades, y en cuyos fines último está el diagnóstico correcto de la autopsia.

[7] Comentarios del doctor Muro al periodista Andreas Faber-Kaiser y transcritos literalmente en FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, pp. 110-111, Barcelona: Royland.

[8] Enfermedades sistémicas son aquellas que involucran varios órganos o todo el cuerpo.

[9] Outbreak of Oil-associated Pneumonic, Paralytic, Eosinophilic syndrome, Spain, 1981, Comunicación del Centro de Programas Epidemiológicos-CDC al director del Centers for Deasease Control, 1983. Consultar en el listado de anexos de la 100.

[10] “Algunos pacientes son tratados con antibióticos. Otros reciben cortisona. A muchos les son suministradas dosis masivas de vitamina E y algunos son tratados con aspirina como único medicamento”, extraído de GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[11] En los próximos días la epidemia se extiende a las provincias de Valladolid, León, Burgos, Ávila, Segovia, Palencia, Zamora, Córdoba, Granada, Valencia e incluso al norte de Portugal.

[12] EL PAÍS, edición del 12 de mayo de 1981.

[13] Nota de la autora.

[14] EL PAÍS, edición del 12 de mayo de 1981.

[15] A las redacciones de los medios españoles llegan notas del Ministerio que aseguran haber encontrado el posible causante de la neumonía atípica, el mycoplasma pneumoniae, y tener la situación controlada.

[16] EL PAÍS, edición del 16 de mayo de 1981.

[17] En el momento del cese del doctor Muro, se habló de estrés y demencia, y a algunos les adviertieron que no colaboraran con él si querían mantener su puesto de trabajo.

[18] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[19] EL PAÍS, edición del 21 de mayo de 1981.

[20] DIARIO 16, edición del 22 de mayo de 1981.

[21] TIEMPO, edición del 6 de abril de 1987.

[22] DIARIO 16, edición del 22 de mayo de 1981, consultar noticia en la página 93 del capítulo Anexos.

[23] EL PAÍS, edición del 26 de mayo de 1981.

[24] Sin embargo, el doctor Muro fue el primero en descubrir y descartar la hipótesis del aceite. Cuando empezaba a investigarlo le pidió a un compañero de la Comisión que lo comentara en las reuniones a finales de mayo y a principios de junio.

[25] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[26] EL PAÍS, edición del 11 de junio de 1981. Consular en el Anexo de la página 94.

[27] [El párrafo número 1, apartado C, define las obligaciones del funcionario (doctor Kilbourne, epidemiólogo del CDC enviado al Plan Nacional de Síndrome Tóxico). Su principal cometido es: “colaborar en un estudio epidemiológico, toxicológico con el fin de encontrar EN EL ACEITE la sustancia química o las substancias más estrechamente asociadas con la enfermedad”], extraído de GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[28] EL PAÍS, edición del 18 de junio de 1981.

[29] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[30] Ibidem.

[31] Comunicación personal con Raimon Guitart. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[32] DIARIO 16, edición del 27 de junio de 1981, titula así: “Once personas fueron detenidas”.

[33] Comunicación personal con Raimon Guitart Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[34] Ibidem.

[35] Comunicación personal con la Coordinadora Nacional de Asociaciones de Afectados del Síndrome Tóxico. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[36] Informe emitido el 11 de enero de 1982, extraído de FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, pp. 203-204, Barcelona: Royland.

[37] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[38] FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[39] CLAVERA ORTIZ, M.J., Recapitulaciones sobre la comercialización y distribución del aceite sospechoso como etiología del síndrome tóxico en el primer semestre de 1981, 1984, Barcelona. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[40] CLAVERA ORTIZ, M.J. & MARTÍNEZ RUIZ, F.J., Apuntes sobre la investigación epidemiológica oficial del síndrome tóxico, 1985, Barcelona. Consultar en el listado de anexos de la página 100.

[41] FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[42] Ibídem.

[43] GREUNKE, Gudrun, 1991, L’afer de la colza, Londres: Yorkshire TV. Emès per Televisió de Catalunya al programa 60 minuts.

[44] GREUNKE, Gudrun, 1991, L’afer de la colza, Londres: Yorkshire TV. Emès per Televisió de Catalunya al programa 60 minuts.

[45] LA VANGUARDIA, edición del 11 de febrero de 1988. Consultar en el Anexo de la página 94.

[46] LA VANGUARDIA, edición del 11 de febrero de 1988. Consultar en el Anexo de la página 94.

Detección de la enfermedad

El 1 de mayo de 1981 es la fecha de origen oficial del síndrome tóxico, cuya virulencia se cobra, ese mismo día, la muerte -por insuficiencia respiratoria aguda- de un niño de ocho años, Jaime Vaquero, cuando era transportado en ambulancia al hospital. Por la mañana, sus cincos hermanos ya habían sido ingresados entre el Hospital La Paz y el Hospital del Rey (Madrid).

Carmelo Vaquero y Carmen García junto a una foto de su difunto hijo, Jaime Vaquero, considerado la primera víctima oficial del síndrome tóxico. Ignacio Gil, 2006.

Desde el inicio de la epidemia hasta aproximadamente dos meses más tarde, no se conoce qué tipo de enfermedad podían tener los primeros ingresados y en los partes de nuevos ingresos del hospital, figura la neumonía como diagnóstico. Sin embargo, al día siguiente (2 de mayo), al llegar al Hospital del Rey el director en funciones, el doctor Antonio Muro y Fernández-Cavada, repasó las fichas de nuevos ingresos con intriga, pues opinaba que el diagnóstico de neumonía no tenía mucho sentido[1]. Es entonces cuando las autoridades reciben el primer aviso por parte del doctor Muro, que cree necesario alertar a la Dirección Provincial de Salud.

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El 4 de mayo, el doctor Muro volvía a llamar a la Dirección Provincial de Salud para solicitar una investigación epidemiológica en Torrejón de Ardoz, teniendo en cuenta las implicaciones que supone una enfermedad desconocida en esa población[3] y el número creciente de casos en esta zona. Esa misma tarde una comitiva realiza esta investigación y comunica la existencia de seis casos al Ministerio de Sanidad.

En los próximos días, los hospitales recibirán una cantidad alarmante de nuevos casos. El doctor Muro está convencido de que es algo nuevo y ya el día 5 de mayo ordena que se hagan a sus pacientes las pruebas de la legionela, así como de enfermedades raras. Todas ellas resultan negativas y concretamente la legionela es descartada completamente, tras unas larguísimas consultas con el mejor especialista español de la legionela[4].

Pese a las graves dificultades respiratorias que tienen todos los afectados, el doctor Muro cree que pueda tratarse de una enfermedad de vía digestiva, porque la extensión geográfica (poblaciones no contiguas) no permite mantener la hipótesis de una infección por vía respiratoria.

El 11 de mayo, cuando se cumplen diez días de la primera muerte, ya se estaban censando diariamente de 150 a 200 casos nuevos, tanto en la provincia de Madrid como en las provincias de Ávila y Segovia[5].

[1] Según el doctor Antonio Muro, una neumonía que afecta a toda la familia tan sólo podría ser en el caso de peste pulmonar, una epidemia, pero entonces estarían todos los miembros de la familia muertos.

[2] FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[3] Desde 1957 y aproximadamente hasta 1996 (pasa a ser soberanía española, si bien EE.UU. sigue utilizándola en la actualidad, como ya se ha comentado), tras un pacto entre Franco y Eisenhower el gobierno de EE.UU. instala una de sus bases militares de 1.320 hectáreas en Torrejón de Ardoz.

[4] La negativa a la hipótesis de la legionela se reafrima cuando el 6 de mayo “llegan al Hospital del Rey dos bacteriólogos expertos en la enfermedad del legionario, que de forma unánime descartan este posible origen por el cuadro clínico, radiológico y la edad de aparición”. Extraído de FABER-KAISER, Andreas, 1988, Pacto de Silencio, Barcelona: Royland.

[5] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

Contexto histórico y social del síndrome tóxico

Tras la muerte del general Francisco Franco en noviembre de 1975, España entró en un rápido proceso de transformación política y social. Se reinstauró la monarquía borbónica, se legalizaron los partidos políticos, se introdujeron la libertad de prensa, la celebración de elecciones libres y la promulgación de una constitución democrática ratificada en referéndum en 1978 por el pueblo español.

La época de inestabilidad se intensificó durante el gobierno de Adolfo Suárez, a raíz de las reivindicaciones ciudadanas, las fuerzas nacionalistas, la escalada de atentados terroristas y la agudización de la crisis económica, tras el aumento de los precios del petróleo entre 1973 y 1979. Como consecuencia de la tensión que vivía España, el presidente Suárez anunció su dimisión.

Aprovechando este contexto, un grupo de militares planeó un golpe de estado que tomaría forma el 23 de febrero de 1981 en el momento en que se votaba en el Congreso la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, como nuevo presidente del gobierno. Pero tras la intervención del rey Juan Carlos I, el golpe fracasaría de manera incruenta y Calvo-Sotelo sería el nuevo presidente del gobierno español. Aproximadamente dos meses después, aún en plena Transición, se detectarían los primeros casos de síndrome tóxico.

Socialmente, España se encuentra en la zozobra de atentados terroristas, secuestros, precariedad económica y tensión política. Pese a que la natalidad desciende por primera vez en la historia, las economías familiares se encuentran al límite y la mitad de la población casi no puede llegar a fin de mes[1].

Por otro lado, cabe mencionar aquí la vigente influencia del gobierno de Estados Unidos (EE.UU) en la política española del franquismo y la Transición. Numerosos documentos prueban la intervención del país norteamericano y más concretamente de sus servicios secretos (la Agencia Central de Inteligencia, CIA, por sus siglas en inglés), en la instalación de bases militares en suelo español, la transición del franquismo a la Monarquía, el intento de golpe de Estado o la integración del Estado español en la estructura de la OTAN[2].

En este sentido, el periodista Eduardo Martín de Pozuelo publicó durante el verano de 2005, varios artículos en una sección titulada “Documentos desclasificados. Top secret”, en los que incluía el contenido de algunos documentos que describen el gran interés geoestratégico de EE.UU por España y su efectiva intervención para conseguir su acceso en puntos clave del territorio. He aquí un fragmento de uno de sus artículos:

“Aún faltaba un año para que el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, aprobara el inicio de la política de acuerdos con Franco, cuando el almirante Connelly, comandante en jefe de las fuerzas navales de EE.UU. en el Atlántico Oriental y Mediterráneo, reclamó ayuda a Washington. España era imprescindible para la defensa occidental y así se lo hizo saber a la Casa Blanca el 8 de mayo de 1950. Lo hizo con el máximo secreto. ‘El Estado Mayor Conjunto recomienda que, con respecto a España, EE.UU. presione para la aceptación por parte del Reino Unido y Francia de los objetivos de la política de EE.UU. También recomienda vehementemente que el Departamento de Estado lleve a cabo acciones sin demora para asegurar a EE.UU. y a sus aliados accesibilidad militar y cooperación militar con España, bien bilateralmente o bien a través de la aceptación por parte de esa nación como firmante del tratado del Atlántico Norte o del tratado de la Unión Occidental. El Estado Mayor Conjunto cree firmemente que debe encontrarse alguna forma para solucionar las objeciones políticas del Reino Unido y Francia a la mejora de las relaciones con España, en particular, dado que la mayoría de las naciones europeas afectadas están de acuerdo en la importancia de los puntos de vista de seguridad y estratégicos de España’”[3].

Más tarde, tras esta petición de la Armada estadounidense al gobierno de EE.UU., éste se muestra convencido de la importancia de España y, tras el diseño estratégico que se lleva a cabo entre 1953 y 1959 se instalan las siguientes bases militares de EE.UU. en nuestro país:

  • Las bases aéreas principales de Sanjurjo-Valenzuela (Zaragoza), Torrejón de Ardoz (Madrid) y Morón de la Frontera (Sevilla).
  • Las bases aéreas secundarias de San Pablo (en la actualidad el aeropuerto de Sevilla) y el aeródromo de Reus (Tarragona).
  • La base aeronaval de Rota (Cádiz), que funciona como un complejo portuario, aeronaval y submarino y es cabeza del oleoducto de 485 millas que sirve combustible a otras bases.
  • Las bases navales secundarias de El Ferrol (La Coruña) y Cartagena (Murcia).
  • En complementariedad, las estaciones de comunicación y navegación en Puig Major (Mallorca), Menorca, Guardamar de Segura y Sierra de la Aitana (Alicante), Inoges (Zaragoza), San Pablo y Sonseca (Toledo), Humosa (Madrid), Elizondo (Navarra), Estaca de Bares (La Coruña) y Estartit (Girona).

Pese al secretismo respecto al tema de las bases americanas en España y los acuerdos en los que se preveía que las bases fueran de soberanía española y jurisdicción de la OTAN (cuando España entra a formar parte de la organización en 1986), se sabe que actualmente los estadounidenses siguen utilizando (por lo menos ocasionalmente) las bases de Morón, Rota y Torrejón[4].

[1] DIARIO 16, edición del 26 de mayo de 1981, noticia a partir de una encuesta del Instituto Gallup. El 49% de los más de 1.000 españoles entrevistados afirma llegar justo a fin de mes,  mientras que uno de cada tres, ni tan sólo llega.

[2] GRIMALDOS, Alfredo, 2006, La CIA en España: Debate & LA VANGUARDIA, ediciones del verano de 2005 en los que Eduardo Martín de Pozuelo, incluye en sus artículos, documentos secretos desclasificacados.

[3] LA VANGUARDIA, edición del 25 de julio de 2005.

[4] EL PAÍS, edición del 12 de febrero de 2007 (acceso web: http://elpais.com/diario/2007/02/12/espana/1171234805_850215.html).

¿Qué es el síndrome tóxico?

El síndrome tóxico es una epidemia que asoló España en 1981, en plena época de la Transición y del “OTAN, de entrada, no”. Representa la mayor intoxicación alimentaria de la historia Europea y la mayor cifra de responsabilidad civil jamás pagada por el Estado español a las víctimas de un delito. Sin embargo, se trata definitivamente de un tema tabú, del que no hablan los medios de comunicación o las principales universidades del país.

Todos los datos reflejan que la hipótesis oficial ―según la cual el causante de la epidemia fue el aceite de colza desnaturalizado― no se sostiene y apuntan a una intoxicación por pesticidas organofosforados. El presente trabajo recaba nuevas informaciones y actualiza los datos existentes, a partir de fuentes documentales y personales, con el fin de presentar un reportaje final y rendirlo publicable. Entre los resultados, destacan las confirmaciones sobre la corrupción del principal científico en el que se basó la sentencia del denominado “caso de la colza”, Sir Richard Doll, o sobre el gran número de médicos que opinan que el Gobierno español contribuyó en esconder la verdad e impidió y dificultó las investigaciones sobre la hipótesis de los organofosforados.

En la actual sociedad de la información no puede tener cabida el desconocimiento de un hecho tan trascendental en la historia de España. Un acontecimiento que sigue al intento de golpe de estado del 23-F y precede a la entrada de España en la OTAN. Un suceso, sin embargo, que los poderes fácticos se han empeñado en esconder y la sociedad española ha olvidado, por lo que la autora de este trabajo se siente con la obligación de reabrir y arrojar luz, pese a las limitaciones propias de un Trabajo de Fin de Grado, así como la amplitud y complejidad del tema.

Introducción

El 1 de mayo de 1981, murió Jaime Vaquero, un niño de ocho años de edad y la primera víctima oficial del denominado síndrome tóxico. Fue el inicio de una epidemia que acabó enfermando a más de 50.000 españoles y matando a unas 5.000 personas, según las últimas cifras del censo oficial del Instituto Nacional de la Seguridad Social[1].

La epidemia también desembocó en un proceso judicial que fue calificado como “el juicio del siglo” y en el que se juzgaron a 38 personas relacionadas con la fabricación o venta del aceite de colza. Con este ingrediente culinario como único culpable se cerró el caso, pese a que numerosas víctimas afirmaron no haberlo consumido nunca y tampoco fueron pocos los médicos que demostraron que este aceite no pasó jamás de ser un sospechoso, pues hasta día de hoy no se ha logrado encontrar ningún componente tóxico en el aceite que pudiera causar un envenenamiento masivo de este calibre.

En la actualidad, se cumplen 33 años de la tragedia y todavía no se ha esclarecido el caso; la gran mayoría de la población española no recuerda el suceso y la población joven ni tan sólo ha oído hablar de él. En los últimos años, poquísimos medios de comunicación han recordado el suceso, y lo han hecho volviendo a acusar a la colza, olvidando los periódicos, revistas e investigadores que en su tiempo ya alertaron de la falta de pruebas y que fueron silenciados. También es larga la lista de médicos que apuestan por una hipótesis relacionada con una intoxicación por pesticidas.

Así pues, existe una gran controversia mediática, médica y científica en torno a uno de los temas más oscuros de la Transición española que hay necesidad de aclarar. El presente trabajo constituye una nueva investigación sobre el síndrome tóxico, con la esperanza de que el tiempo pasado desde 1981, permita la recolección de nuevos datos y pruebas concluyentes. El trabajo también va a presentar el estado de la cuestión acerca de la enfermedad del síndrome tóxico: detección e inicios de la epidemia, gestión gubernamental, síntomas, cifras actualizadas de afectados, proceso judicial e indemnizaciones, o la implicación de Bayer y de EE.UU.

Por último, debido a las numerosas víctimas colaterales, muertas y cesadas de sus cargos por investigar otros hechos o hipótesis no oficiales, un apartado de este trabajo de investigación se va a dedicar a recoger todos estos casos, en los que las propias víctimas aseguraron recibir amenazas y advertencias, antes de sufrir las consecuencias por investigar la verdad sobre el síndrome tóxico.

[1] Exactamente son 4.952 muertos hasta 30 de abril de 2014, que aparecen en el censo del Instituto Nacional de la Seguridad Social adscrito al Ministerio de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España. Cabe mencionar que dicho Instituto, considera que en esta cifra de fallecidos, están incluidos los que fallecieron por causa del síndrome tóxico y por causas ajenas a éste. Si bien más adelante se abordará la cuestionabalidad de este argumento.

“El síndrome tóxico es el único tema de la Transición que no se toca”

  • 5.000 afectados han muerto y todavía viven 19.554, según cifras oficiales del Instituto Nacional de la Seguridad Social
  • Se cumplen 33 años del ensayo de guerra química que encubrieron los gobiernos de Calvo-Sotelo y Felipe González

Paco Elvira

Ilustración 1: Una madre atiende a su hijo afectado por el síndrome tóxico en Extremadura, en 1981. Autor:
Paco Elvira.

En plena Transición española -tan sólo dos meses después del intento de golpe de Estado de 1981-, más de 50.000 personas fueron intoxicadas y sentenciadas a padecer el mayor envenenamiento alimentario ocurrido en Europa. Aún así, este suceso no se recuerda en medios de comunicación ni en universidades. De hecho, como escribe Alfredo Grimaldos, “todo indica que no se desconoce el origen de la enfermedad, sino que se trata de ocultar por todos los medios”[1].

Todos los documentos oficiales (de la Organización Mundial de la Salud, el Gobierno español o el Centers for Desease Control) afirman que el causante fue el aceite de colza desnaturalizado y así lo recogió la sentencia. Sin embargo, 33 años después, todavía no se ha encontrado el tóxico concreto en el aceite, pese a que se ha especulado que el descubridor ganaría el premio Nobel[2].

Lo que sí puede causar estos síntomas es una combinación de pesticidas organofosforados potencialmente tóxica que la multinacional farmacéutica Bayer fabricó y experimentó en algunos campos españoles, según la declaración que hizo un antiguo trabajador durante el juicio. El gobierno de EE.UU y particularmente el Centers for Desease Control (en adelante, CDC) tiene también un papel preponderante en la tragedia, pues en la base militar de Torrejón de Ardoz se dieron los primeros casos entre algunos militares estadounidenses que más tarde se esfumaron. ¿Fuimos víctimas los españoles de un ensayo de guerra química?

Así lo denunciaron numerosos personajes del mundo científico, político, jurídico y periodístico, pero fueron silenciados. Son demasiadas “las otras víctimas”. Andreas Faber-Kaiser mantuvo hasta el día de su muerte que lo habían matado a raíz de haber publicado Pacto de Silencio. La periodista Gudrun Greunke explica hoy en día que la seguían por la calle, que recibía amenazas y que pasados ocho años de haber investigado el síndrome tóxico, todavía “tenía escuchas telefónicas instaladas en casa”[3]. José Oneto fue cesado del cargo de director de la revista Cambio 16, tras publicar en portada el siguiente titular: “Un producto Bayer envenenó España”. Enrique Martínez de Genique, secretario de Estado para el Consumo, fue despedido tras elaborar un mapa que demostraba que las rutas de distribución del aceite y las poblaciones de afectados no coincidían. Los doctores Muro, Clavera y Martínez fueron cesados fulminantemente al desmarcarse de la hipótesis oficial e investigar otras vías.

La lista sigue pero esta historia también. Y es que el denominado “caso de la colza”, “enfermedad de la colza”, “síndrome del aceite tóxico”, o “síndrome tóxico” supone la mayor cifra de responsabilidad civil jamás pagada por el Estado español a las víctimas de un delito. Hasta el año 2002, el importe total de las indemnizaciones de la sentencia de la colza asciendía a 1.621.460.081,90 euros[4].

Pero si no fuera por la intervención de la defensa y del fiscal, se hubieran eliminado las principales “pruebas del delito” cuando el juez instructor del sumario 129/1981, autorizó la destrucción del aceite por el que se juzgaba a 38 personas. Más tarde, el Gobierno aportó 100 millones de pesetas a los abogados de la acusación mientras la defensa reclamaba la paridad entre las partes, pues sus clientes ―los aceiteros― tenían todos sus bienes embargados, ante el caso omiso del juez. Los abogados de la defensa recibieron llamadas anónimas que ofrecían suculentas sumas de dinero a cambio de abandonar el caso. Al rechazar estas ofertas, uno de los letrados llegó a encontrarse el coche sin frenos[5].

Paradójicamente, varios abogados de la acusación acabaron “casualmente” en cargos públicos de alto rango. Así por ejemplo, Mariano Muñoz Bouza fue consejero de Televisión Española (RTVE)[6] y secretario vocal del Consejo de Administración de RTVE[7] por el PSOE. José María Mohedano Fuertes llegó a denominarse como “fiel discípulo del felipismo”[8] hasta que saltó el escándalo del “caso Mohedano” también conocido como “el del Jaguar”, por el que fue obligado a dimitir de su cargo como diputado y secretario del grupo socialista (PSOE) en el Congreso de los Diputados; actualmente, Mohedano defiende al viceconsejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Lozano y al exdirector de Presupuestos, Buenaventura Aguilera, ambos imputados en el caso de los ERE de Andalucía. Tomás de la Quadra-Salcedo fue ministro de Administración territorial (1982-1985), más tarde presidente del Consejo de Estado (1985-1991) y ministro de Justicia (1991-1993), siempre por el PSOE[9]. María del Pilar Fernández Rodríguez fue concejala por el PSOE en Ayuntamiento de Madrid (1983-1991) y diputada por Madrid (1991-1995)[10]. Manuel Fernández Gómez ha ocupado diversos cargos en la Comunidad de Madrid en las listas del PSOE, hasta que fue despedido con una cantidad cercana a los 300.000 euros y, curiosamente, fue recolocado en la Delegación provincial de Empleo de la Junta de Andalucía[11]. Francisca Sauquillo Pérez del Arco fue senadora por el PSOE hasta 1994, cuando fue elegida diputada en el Parlamento Europeo, un cargo que ocupó hasta el 2004.

Pese a la falta de garantías constitucionales que se desprende de la disparidad entre las partes, el tribunal dictó sentencia y encumbró los estudios y testimonios de dos epidemiólogos del CDC de Atlanta, Sir Richard Doll y Edwin M. Kilbourne, para dar por probada la causalidad entre el aceite de colza y el síndrome tóxico, sentenciando así a 13 personas a entre 20 años y 6 meses de prisión.

Las responsabilidades de la Administración fueron juzgadas en un proceso a parte, siete años más tarde, “ante la imposibilidad real de obtener en el primero el pago de la muy elevada cuantía de las indemnizaciones ex delicto que debían ser abonadas”[12].

Científicamente es imposible que el aceite de colza provocara el síndrome tóxico. Fueron los organofosforados”, afirma una de las periodistas de investigación más reconocidas de Europa, Gudrun Greunke. Efectivamente, son demasiadas las lagunas de la hipótesis oficial y todos los datos apuntan a una intoxicación por pesticidas organofosforados.

Los doctores Maria Jesús Clavera y Francisco J. Martínez fueron integrantes del Plan Nacional para el Síndrome Tóxico (PNST) hasta que fueron despedidos en 1984 tras averiguar que la explicación del Gobierno no se sostenía por ningún lado. Concretamente, verificaron que la curva que representaba los nuevos ingresos hospitalarios descendía drásticamente mucho antes del anuncio por televisión de que el aceite era el culpable o el inicio del canje anunciado por el Gobierno (concretamente y en Madrid, 11 días y un mes, respectivamente)[13]. Por otro lado, también concluyeron que los aceites no compartían un distribuidor, componentes u origen comunes, por lo que era imposible afirmar que los aceites de colza tuvieran un origen común (como hacía la versión oficial). Al mismo tiempo, comprobaron que un porcentaje elevado de afectados ni siquiera había consumido jamás algún tipo de aceite sin etiquetado, en garrafa o de venta a granel.

Los doctores Clavera y Martínez, que más tarde fueron designados peritos judiciales del caso, también detectaron que tampoco se correspondían todas las áreas de distribución de estos aceites con las poblaciones de afectados[14]. Un aspecto que también investigó el entonces secretario de Estado para el Consumo, Enrique Martínez de Genique, que elaboró un mapa que despareció en el que se demostraba gráficamente este aspecto y por lo que fue despedido cuatro meses más tarde. En 1990, Genique afirmaba:

“Políticamente hay que pensar que en aquel momento en España nos encontrábamos todavía en la Transición, en una situación política complicada, donde el poder estaba sobre la mesa o, si queremos decir la pelota estaba en el tejado, y una tragedia como fue el tema del síndrome tóxico en España, que fue una gran tragedia, era un arma arrojadiza desde un punto de vista político muy importante. El gobierno tenía la obligación de dar una respuesta a la sociedad y la respuesta de la colza pareció válida”[15].

Y en lo que a mapas se refiere, también hubo tergiversación, pues el mapa que más circuló en la época y todavía es utilizado en la actualidad, no incluye todas las provincias afectadas, algo que sí se ha llevado a cabo en este reportaje a partir de datos oficiales[16] (ver ilustraciones 1 y 2).

Mapa WikipediaMapa sindrome toxico leyenda

Ilustración 1: Mapa de incidencia del síndrome tóxico del sitio web Wikipedia. En la leyenda consta como fuente el periódico El País, edición del 18 de enero de 1983). Ilustración 2: Mapa de incidencia del síndrome tóxico a partir de fuentes institucionales[17]. Elaboración propia.

La hipótesis oficial aduce que el aceite de colza contenía anilinas[18] y que éstas son, con mayor probabilidad, las causantes del síndrome tóxico. Sin embargo, prestigiosos científicos (doctores Renate Kimbrough y Claus Köppel, entre otros) sentenciaron en su día que no había nada tóxico en los aceites que habían analizado, por encargo del Gobierno español. El principal síntoma de una intoxicación por anilinas es la metahemoglobina, reacción inexistente en la larguísima lista de síntomas de los afectados por el síndrome tóxico.

Oficialmente, viven todavía 19.554 españoles con esta enfermedad y han muerto otros 5.000. Aproximadamente el 95% de estos enfermos viven con parálisis, hipertensión arterial y pulmonar, deformidades en las extremidades superiores e inferiores, necrosis, alopecia, diabetes, calambres, hipersensibilidad, neuropatía, insomnio, problemas de hígado, corazón (infartos), riñones, dermis, etc. Todos ellos síntomas de las intoxicaciones por pesticidas organofosforados.

Lo cierto es que hubo un médico, el militar Luis Sánchez-Monge, que logró curar a varios afectados aplicándoles un tratamiento contra la intoxicación por organofosforados. Ante la espectacular efectividad de sus tratamientos, este médico redacta dos informes que los explican en detalle y los hacer llegar, ofreciéndoles su ayuda, a los principales hospitales y autoridades del país (al INSALUD y a la Dirección General de Salud Pública). También publica en 1982, un artículo en la revista Tribuna Médica, en el que se explica el tratamiento a seguir. Sin embargo, es ignorado completamente y no recibe respuesta alguna, ni por parte del Gobierno ni de los hospitales.

Pero, ¿Qué son los organofosforados? La verdad es que constituyen un grupo muy amplio de compuestos altamente tóxicos, que tienen su precedente en los gases de guerra “a menudo conocidos bajo el apelativo de ‘gases nerviosos’, entre los que se encuentran el sarín, el tabún o el somán, y que se desarrollaron de manera especial a partir de la Segunda Guerra Mundial”[19]. Extrañamente, uno de los científicos en los que se basó la versión oficial así como la sentencia del tribunal es Edwin M. Kilbourne, experto en este tipo de sustancias. Según el doctor Martínez (integrante del PNST y designado perito del caso):

“Edwin Michael Kilbourne ha participado como ‘Facilitator del Treatment Group’ en la ‘Research Planning Conference’ que trató los impactos sobre la salud de agentes químicos usados en la Guerra del Golfo; también ha investigado brotes médico-hospitalarios relacionados con toxicidad por organofosforados. Entre 2002 y 2005 dirigió el ‘Premier group of experts in geography and geographic information systems’ (que incluía asesoramiento sobre actividades anti-terroristas) en el CDC. Entre 2003 y 2005 era consultor experto en emergencias medioambientales químicas terroristas. Y entre 2005 y 2006 fue Director del ‘Weapons Scientist Redirection Program’ en Irak. Gran parte de sus actividades están protegidas con la cláusula de secreto e inmunidad de grado máximo, el ‘U.S. Government Top Secret Security Clearance’”.

También el doctor Sir Richard Doll, que prestó declaración en el juicio, ha sido ampliamente criticado, explica el doctor Martínez. El condecorado científico ganó prestigio tras relacionar el consumo de tabaco con la incidencia de cáncer. Pero “ha ejercido ulteriormente un rol científico-encubridor nada despreciable y no murió ciertamente en la miseria. Sus sospechas de corrupción se conocen parcial pero suficientemente”, declara el doctor Martínez. Efectivamente, Doll ha defendido ampliamente los intereses de las grandes industrias y multinacionales. Un artículo del American Journal of Industrial Medicine denunciaba en 2006 que Richard Doll había estado trabajando durante 1970 y 1990 para las empresas Turner and Newall ―productora de amianto― y Monsanto ―principal productora de transgénicos―, que llegó a pagar 1.500 dólares al día al científico. Mientras que a partir de 1990, Richard Doll, distinguido con el título de Sir por la Reina de Inglaterra, pasó a cobrar por hacer declaraciones como experto en nombre de las principales empresas del sector químico, polémicas por la gran cantidad de demandas presentadas en EE.UU. e Italia.[20]

Pero volviendo a los organofosforados, cuya primera aplicación fue en el terreno de la guerra, numerosos artículos científicos alertan de su toxicidad. Según estos trabajos, “la importancia de los efectos causados por la intoxicación de insecticidas organofosforados y carbamatos puede ser comprendida cuando se estima que aproximadamente tres millones de personas se exponen anualmente a dichos agentes con una mortalidad aproximada de 300.000 personas, y provocan un número importante de discapacidades”[21].

Los organofosforados son una de las principales causas de enfermedades actuales y cada vez más frecuentes como la fibromialgia, la Sensibilidad Química Múltiple o la Hipersensibilidad Electromagnética, según los doctores Rodríguez Moyano y Fernádez-Solà. Respecto al síndrome tóxico, ambos doctores son de la opinión de que un pesticida organofosforado tuvo que ser el causante[22].

Fue un tema muy delicado en su tiempo, en una época de plena Transición y tan sólo dos meses después del famoso intento de golpe de Estado. Sin embargo, nos hallamos ante un tema tabú, incluso 33 años después. “El síndrome tóxico es el único tema de la Transición que no se toca”, asegura Gudrun Greunke. Las víctimas ―cerca de 50.000― denuncian en la actualidad que se las ha olvidado. Mari Carmen, una de las numerosas víctimas del síndrome tóxico de Alcalá de Henares, enfermó junto a su marido y sus tres hijos. Ella y su marido tenían 28 y 29 años, pero 33 años después, tienen la “calidad de vida de una persona de 80 años”. Ella tiene una minusvalía declarada del 70% y su marido “se toma unas 20 pastillas diarias, además de cinco inyecciones de insulina”.

“Después de tantos años, incluso se han agudizado los síntomas y todas las afectaciones crónicas han ido a más. No me hables de cine u otras actividades de ocio, porque toda nuestra vida la hemos pasado en hospitales y quirófanos. Mis hijos no han tenido niñez y, como nosotros, están sentenciados de por vida”. Según la afectada, “sólo en Alcalá de Henares ya han muerto 200 personas por el síndrome tóxico. Pero lo peor es que no se han reconocido las invalideces. Hay gente que tiene una invalidez total y tan sólo le han reconocido un 20% y a otras personas, nada. Una vez reconocida la invalidez, te pagaban una indemnización y te quitaban o restaban todas las prestaciones sociales recibidas hasta entonces”.

El Hospital 12 de Octubre (Madrid), es el único hospital donde la doctora María Antonia Nogales trata desde hace 20 años a los enfermos de síndrome tóxico. La consulta, es precaria, como también lo son las condiciones en las que trabaja la médica. “Se trata de un pequeño despacho en el que Nogales atiende a 500 enfermos anuales ella sola. Tiene un auxiliar administrativo durante dos horas al día pero está de sustituta y si la llaman es la doctora la que tiene que, además de vernos, hacer papeles y facturas”, explica la Coordinadora Nacional de Asociaciones de Afectados por el Síndrome Tóxico. ¿Por qué no se habla de ello en las facultades de medicina, derecho, periodismo, o en los medios de comunicación? Mari Carmen responde: “Pues porque no interesa”[23].

Los enfermos de esta rara enfermedad han muerto de variopintas causas: fallo respiratorio agudo, septicemia, edema agudo de pulmón o cáncer, entre muchas otras. Sin embargo, los tribunales y el Gobierno han aducido en miles de casos, que estas muertes no tienen nada que ver con el síndrome tóxico, por lo que las familias se quedaban sin indemnización. En enero de 1983, Enrique De la Morena, del Hospital Fundación Jiménez Díaz, solicitó ayuda financiera al PNST, para un proyecto de investigación en el que pretendía averiguar por qué tantos enfermos del síndrome tóxico contraen cáncer. No sólo se le denegó esa ayuda sino que le denunciaron al Tribunal de Deontología del Colegio de Médicos, que sin embargo no le retiró la licencia para ejercer.

Todo indica que tanto el Gobierno español como los principales organismos sanitarios supranacionales, sabían de todas formas lo que ocurría en la España de 1981, pero no querían que se descubriera la verdad. En 1984 los ya mencionados doctores Clavera y Martínez se reunieron en Ginebra con Gastón Vettorazzi (máximo responsable del departamento de pesticidas de la OMS). Al respecto, Martínez explica:

“Nos dimos cuenta de que allí sabían que el síndrome tóxico español de 1981 no lo había vehiculado ningún tipo de aceite y de que probablemente era una intoxicación por algún organofosforado; pero la OMS depende de la financiación de los gobiernos de los diversos países integrantes y debe atenerse a sus ‘vetos’ políticos”[24].

Un año más tarde, la revista Cambio 16 publicaba una entrevista con Vettorazzi en la que afirmaba que “la epidemia estuvo provocada por un agente neurotóxico” y que de ninguna manera las anilinas o las anilidas podrían causar una enfermedad como la del síndrome tóxico[25]. La entrevista fue grabada bajo previo aviso del periodista, que también informó de que ésta sería publicada. Aún así, en el próximo número, Cambio 16 tuvo que incluir una nota enviada por el propio Vettorazzi en el que se desdecía de todo lo dicho durante la entrevista.

No hay que olvidar que el 9 de mayo de 1981, cuando el Gobierno español todavía no había declarado la epidemia, Luis Valenciano, director general de Salud Pública (y padre de la actual vicesecretaria del PSOE, Elena Valenciano), viajaba hasta Ginebra para mantener una reunión con técnicos de la OMS y a partir de su regreso a Madrid, se mantendría diariamente en contacto telefónico con la organización internacional[26].

Paralelamente, el 11 de mayo y según un documento interno de la propia institución, Phillip S. Brachman, director de la Oficina de Programas Epidemiológicos del CDC de Atlanta (Georgia, Estados Unidos), recibe una llamada de Florencio P. Gallardo, director del Centro Nacional de Microbiología y Virología dependiente del Ministerio de Sanidad, Consumo y Seguridad Social, pidiéndole asistencia en la evaluación del problema. La conversación se extiende a otros miembros del CDC: John V. Bennet, Roger A. Feldman y William G. Winkler, del Centro de Enfermedades Infecciosas (CID). Al mismo tiempo, el CDC decide enviar el día siguiente al doctor William B. Baine, del Centro de Programas Epidemiológicos, para ofrecer asistencia en Madrid.

En el prólogo de El Montaje del Síndrome Tóxico[27], el periodista Rafael Cid explicaba que el general Andrés Casinello (máximo responsable de los servicios de información de la Guardia Civil) prohibió expresamente realizar pesquisas sobre el síndrome tóxico. Cid afirmaba también que funcionarios del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) habían pedido su colaboración para elaborar un informe de siete páginas que finalmente fue elevado al máximo responsable del organismo, el general Emilio Alonso Manglano, en el que se declaraba que el aceite de colza no tenía nada que ver con el síndrome tóxico y que existían datos que apuntaban a un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia. Dicho informe no se hizo público jamás, ni siquiera en el juicio.

Están demostrados los experimentos bioquímicos y bacteriológicos efectuados por el Gobierno de EE.UU. durante ofensivas  o ensayos militares en Irak[28], Cuba, Guatemala[29], Japón y Taiwán[30], o en su mismo país[31][32], por lo que no es muy difícil creer que la España de 1981 también fuera objeto de maniobras similares.

Los puntos oscuros respecto al síndrome tóxico son demasiados como para hablar de una simple locura de la teoría de la conspiración. Representa el mayor envenenamiento alimentario de la historia de Europa y la mayor cifra de responsabilidad civil jamás pagada por el Estado español a las víctimas de un delito. Sin embargo, los medios de comunicación convencionales siguen ocultando la verdad y postulando por la hipótesis de que el aceite de colza fue el causante de la intoxicación, aunque tampoco hablan demasiado de ello[33]. Las facultades de comunicación, medicina y derecho no mencionan este caso trascendental en la historia de nuestro país que pudo desembocar en otros efectos colaterales. La epidemia del síndrome tóxico fue el broche y el gancho con el que se dio por terminada la Transición, cuando España entró a formar parte de la OTAN y más tarde de la Comunidad Económica Europea. Es hora de que deje de ser un tema tabú y los españoles sepan la verdad.

 

 

[1]GRIMALDOS, Alfredo, 2006, La CIA en España. Madrid: Debate.

[2] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[3] Comunicación personal con Gudrun Greunke.

[4] JIMÉNEZ A., Emilio (2003), La ejecución de la sentencia de la colza II, Barcelona: InDret.

[5] GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[6] ABC, edición del 12 de febrero de 1991. Acceso web: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1991/02/12/124.html

[7] ABC, edición del 3 de abril de 1992. Acceso web: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1992/04/03/122.html

[8] ElSemanalDigital.com, edición del 3 de diciembre de 2008. Acceso web: http://www.elsemanaldigital.com/crece-el-rumor-sobre-la-relacion-de-carmen-romero-con-un-ex-felipista-90379.htm

[9] Entrada en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_de_la_Quadra-Salcedo

[10] Ver cargos en perfil de Linkedin: http://es.linkedin.com/pub/mar%C3%ADa-del-pilar-fern%C3%A1ndez-rodr%C3%ADguez/61/359/277

[11] LIBERTAD DIGITAL, edición del 30 de enero de 2013. Acceso web: http://www.libertaddigital.com/espana/2013-01-30/huelga-de-basuras-derechos-laborales-o-estrategia-izquierdista-contra-el-pp-1276480796/

[12] JIMÉNEZ A., Emilio (2003), La ejecución de la sentencia de la colza I, Barcelona: InDret.

[13] El doctor Juan Manuel Tabuenca Oliver ―considerado el padre de la teoría del aceite― afirma explícitamente en su informe sobre la reunión de la OMS en Madrid en 1983: “La operación de intercambio se inició el 30 de junio y a partir de entonces quedó yugulada la tremenda escalada de enfermos y muertes”.

[14]CLAVERA ORTIZ, M.J. & MARTÍNEZ RUIZ, F.J., Apuntes sobre la investigación epidemiológica oficial del síndrome tóxico, 1985, Barcelona.

[15] GREUNKE, Gudrun, 1991, L’afer de la colza, Londres: Yorkshire TV. Emès per Televisió de Catalunya al programa 60 minuts.

[16] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[17] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[18] La misma sentencia 48/1989 explica porqué el aceite contenía anilinas: “En 1980 y desde hacía varios años, las autoridades administrativas españolas venían autorizando importaciones de aceite de colza, pero para proteger la producción nacional de aceites y grasas comestibles, se exigía que el de colza importado no fuera destinado a la alimentación humana, sino a otras actividades industriales, que resultaban ser, casi exclusivamente las siderúrgicas. Con el fin de garantizar el no desvío al destino humano se ordenó administrativamente que la mercancía, cuando ingresara en territorio español, tuviera desnaturalizados sus caracteres organolépticos, para lo que fueron autorizados, en 1970, el aceite de ricino, y en 1974 el aceite náftico, el Azul de Ceres y la anilina, ésta al 2 por ciento” .

[19] OBIOLS, J., Informe toxicológico sobre los Plaguicidas Organofosforados (Parte I), 2002.

[20] Varios autores, Secret Ties to Industry and Conflicting Interests in Cancer Research, 2006, American Journal of Industrial Medicine. Acceso web: http://demokracjakulista.pl/umtsno/emfkrebs/SecretTies.pdf

[21] MARRUECOS-SANT, L. & MARTÍN-RUBÍ, JC., 2007, Uso de oximas en la intoxicación por organofosforados, Medicina Intensiva: volumen 31, número 5. Acceso web: http://scielo.isciii.es/scielo.php?tlng=en&nrm=iso&script=sci_arttext&pid=S0210-56912007000500007&lng=en

[22] Comunicación personal con los doctores Rodríguez Moyano y Fernández-Solà.

[23] Comunicación personal con Mari Carmen.

[24] Comunicación personal con el doctor Martínez Ruiz.

[25] CAMBIO 16, edición del 11 de febrero de 1985, nº 689.

[26] Presidencia del gobierno, 1981, Informe del gobierno sobre actuaciones de la administración del estado en relación con la enfermedad asociada con el consumo de aceite toxico, Madrid: Gobierno de España.

[27]GREUNKE, Gudrun & HEIMBRECHT, Jörg, 1988, El montaje del síndrome tóxico, Barcelona, Ediciones Obelisco.

[28] EL PAÍS, edición del 20 de septiembre de 1996. Acceso web: http://elpais.com/diario/1996/09/20/sociedad/843170403_850215.html

[29] EL MUNDO, edición del 28 de agosto de 2011. Acceso web: http://www.elmundo.es/america/2011/08/29/noticias/1314648202.html

[30] LA VANGUARDIA, edición del 12 de enero de 2014. Acceso web: http://www.lavanguardia.com/politica/20140112/54399038822/eeuu-probo-armas-biologicas-en-okinawa-y-taiwan-en-los-60-segun-documentos.html

[31] 20 MINUTOS, edición del 1 de marzo de 2011. Acceso web: http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/atroces-experimentos-medicos/

[32] CNN, edición del 6 de marzo de 2012. Acceso web: http://cnnespanol.cnn.com/2012/03/06/el-ejercito-de-ee-uu-probo-armas-quimicas-en-sus-soldados/

[33] Ver las siguientes noticias en Radio Televisión Española (http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-30-anos-envenenados/1094189 y http://www.rtve.es/alacarta/audios/archivo-espana/archivo-espana-caso-colza-defensa-del-consumidor-01-03-14/2425709), Antena 3 (http://www.antena3.com/especiales/noticias/sociedad/una-mirada-atras/tragedia-aceite-colza-cumple-anos_2011050300165.html), o La Sexta (http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/gripe-gripe-porcina-escandalos-previos-carne-equina_2013022600274.html).